Viernes, 09 Febrero 2018 10:23

Las iglesias y los indeseados como enemigos

Escrito por  Eduardo Jorge Prats
Twitter: @EdJorgePrats Twitter: @EdJorgePrats

Cada vez que representantes de las iglesias de las diferentes denominaciones cristianas intervienen en los asuntos p煤blicos, la reacci贸n de los sectores liberales de la sociedad no se hace esperar, afirmando que esta intervenci贸n p煤blica constituye un fundamentalismo religioso y una ruptura de las fronteras que separan al Estado secular de las iglesias. Pero鈥 驴es cierto que la religi贸n no tiene nada que ver con la pol铆tica y que, por tanto, deben abandonar los creyentes y sus pastores la arena p煤blica y dejar que los pol铆ticos resuelvan en t茅rminos seculares los problemas mundanos de los asociados en la comunidad pol铆tica? Veamos鈥

Lo primero es que, en un Estado secular como el dominicano, Estado y religi贸n est谩n separados, por lo que el Estado renuncia a una legitimaci贸n religiosa por parte de las iglesias y estas renuncian a pretensiones de dominio pol铆tico y privilegios. El Estado es neutral respecto a las diferentes cosmovisiones pues no hay iglesia oficial. Y lo que no es menos importante: los argumentos que 鈥渋mpliquen la pretensi贸n de la verdad de la religi贸n鈥 (Habermas) no devienen legales por esa mera pretensi贸n, como pretendi贸 en infausta ocasi贸n la Suprema Corte de Justicia, Alta Corte que, al momento de declarar constitucional el Concordato que une al Estado dominicano con el Vaticano, desvergonzadamente afirm贸 que 鈥渆s un hecho admitido que la religi贸n cat贸lica es la revelada por Jesucristo y conservada por la Iglesia Romana y por miles de millones de personas en todo el mundo por m谩s de dos milenios鈥, cosa que, aunque es un dogma incuestionable para quienes somos cat贸licos, aparte de ser un pronunciamiento sectario de los jueces supremos frente a las dem谩s confesiones cristianas, en modo alguno puede ser un argumento jur铆dico que sirva de leg铆timo sustento a una decisi贸n jurisdiccional, que debe estar basada siempre en Derecho y nunca en art铆culos de fe.

Ahora bien, que las iglesias no puedan imponer a los ciudadanos sus creencias y formas de vida usando el brazo secular estatal, que no es aceptable en un Estado Constitucional y democr谩tico un fundamentalismo religioso que erosione las libertades, y que el Estado no debe identificarse con los contenidos de una iglesia o religi贸n, no significa que el Estado asuma como religi贸n civil un fundamentalismo secular. El Estado debe esforzarse en que 鈥渓os cristianos no perciban este Estado en su realidad como algo divisorio, hostil a su fe, sino como la oportunidad de vivir en libertad, algo que tambi茅n ellos deben contribuir a realizar y concretar鈥. En este sentido, la religi贸n es 鈥渦na reserva 茅tica irrenunciable del Estado secular鈥 (Thesing), el cual vive 鈥渄e los impulsos y las fuerzas que la fe religiosa transmite a sus ciudadanos鈥 (Bockenforde), por lo que las iglesias pueden perfectamente formular un juicio 茅tico sobre las leyes del Estado. Esa capacidad de las religiones de darle sentido a la vida de los ciudadanos es lo que explica la presencia en nuestra Constituci贸n no solo de las denominadas 鈥渃l谩usulas Dios鈥 (Pre谩mbulo, lema nacional de 鈥淒ios, Patria y Libertad鈥, la Biblia en el centro del Escudo Nacional) sino, sobre todo, de los valores de la dignidad humana, la igualdad y la inviolabilidad de la vida, que son herencia de la 茅tica jud铆a de la justicia y de la 茅tica cristiana del amor y de la cual se nutre el Estado Constitucional. Los ciudadanos secularizados no debemos ni negarle un 鈥減otencial de verdad鈥 a las cosmovisiones religiosas ni oponernos a que nuestros conciudadanos creyentes contribuyan al debate p煤blico en su 鈥渓enguaje religioso鈥 (Habermas). M谩s a煤n, es nuestro deber traducir a un 鈥渓enguaje p煤blicamente accesible鈥 los aportes religiosos de nuestros conciudadanos creyentes que puedan ser relevantes.

En b煤squeda de esta traducci贸n de lo religioso a lo secular, los juristas que defendemos los valores liberales del Estado Constitucional y cuestionamos el Derecho penal del enemigo -que considera enemigo a todo ser humano que se estime es fuente de malestar para la comunidad, a quien le niega, en tanto 鈥渘o-persona鈥, por tanto, toda protecci贸n jur铆dica- debemos ser m谩s receptivos a los argumentos de quienes se帽alan que, en la legislaci贸n de los pa铆ses donde el aborto es l铆cito, los verdaderos enemigos son los seres humanos concebidos y no nacidos, que, cuando no son 鈥渄eseados鈥, se les considera una carga de la que hay que 鈥渄esembarazarse鈥, un agresor que atenta contra el bienestar de los padres y un obst谩culo que impide el libre disfrute de los derechos a sus progenitores (Jes煤s-Maria Silva S谩nchez). Sin negar la licitud del aborto en determinados supuestos de despenalizaci贸n y tambi茅n en situaciones dram谩ticas de sufrimiento, soledad o angustia, hay que tomar en cuenta los datos de nuevos descubrimientos cient铆ficos. Por ejemplo, hoy se sabe que los fetos sufren dolor f铆sico, incluso mucho antes del punto de cuando comienzan a ser viables; y que, en estado avanzado de gestaci贸n, los fetos prefieren mirar im谩genes de caras humanas, al igual que los reci茅n nacidos. Por eso, se requiere una ley de asistencia a la maternidad, que permita apoyar a la gestante; que convierta al aborto en una verdadera 煤ltima opci贸n; y que garantice los derechos a la vida, a la dignidad, a la autodeterminaci贸n y a la salud integral de ella y del concebido, as铆 como a poder tomar siempre decisiones dignas y suficientemente informadas. Y es que, hoy, nada es ni puede ser m谩s revolucionario que el fuerte llamado de nuestra Iglesia Cat贸lica contra la cultura de la muerte y la exclusi贸n del mundo de la personalidad jur铆dica de categor铆as enteras de seres humanos (embriones, fetos, ancianos, enfermos terminales y desvalidos) que, en tanto indeseados, se les considera enemigos, consecuentemente excluidos del status personae y degradados al estatuto de las cosas.