Viernes, 12 Enero 2018 12:40

Solo Dios podr√° salvarnos

Escrito por  Eduardo Jorge Prats

Martin Heidegger (1889-1976) es el fil√≥sofo m√°s importante y original del siglo XX. Desde que public√≥ su muy conocida obra ‚ÄúSer y tiempo‚ÄĚ (1927), su influencia en la filosof√≠a ha sido creciente. Ello as√≠ a pesar del incuestionable nazismo de Heidegger, pues: (i) se vincul√≥ al r√©gimen de Hitler al inscribirse en el partido nazi y asumir el abiertamente politizado rectorado de la Universidad de Friburgo y la pol√≠tica de exclusi√≥n de los jud√≠os de los puestos administrativos y docentes; (ii) tras la Segunda Guerra Mundial, se mantuvo en completo silencio respecto al Holocausto; (iii) fue, aparte de nazi activo y comprometido, como demostr√≥ tempranamente V√≠ctor Far√≠as, tambi√©n un antisemita que asent√≥ descaradamente sus prejuicios en sus autobiogr√°ficos ‚ÄúCuadernos negros‚ÄĚ; y (iv) en palabras de Enmanuel Faye, Heidegger no fue un simple pensador nazi sino, lo que es peor, fue el principal responsable de haber introducido el nazismo en la filosof√≠a, al extremo de prestar apoyo intelectual a la ‚Äďpara Heidegger- ‚Äúmetaf√≠sicamente necesaria‚ÄĚ higiene racial. Es obvio entonces que el nazismo de Heidegger no fue un desliz, sino que el pensador nunca dej√≥ de estar dispuesto a ver la ‚Äúgrandeza y verdad interna‚ÄĚ del aterrador movimiento nazi.

Pero‚Ķ a pesar de lo anterior ¬Ņes posible extraer del peligrosamente totalitario pensamiento de Heidegger ideas que nos permitan entender el mundo en que vivimos y la realidad que enfrentamos? ¬ŅHabr√° alguna manera de que, cual si fu√©semos cocineros expertos en preparar el sabroso pero venenoso pez globo, podamos recuperar para el pensamiento humanista a Heidegger, sin sucumbir en el intento? Responder esta pregunta obliga a referirnos a lo que Heidegger considera la √ļnica salida posible frente al desastre causado por una sociedad occidental basada en la t√©cnica: ‚ÄúLa filosof√≠a no podr√° provocar directamente un cambio del estado presente del mundo. Y esto no es v√°lido solo para la filosof√≠a sino tambi√©n para toda actividad de pensamiento humano. Solo un Dios puede a√ļn salvarnos. La √ļnica posibilidad que nos queda, en el pensamiento y en la poes√≠a, es preparar nuestra disponibilidad para la manifestaci√≥n de ese Dios o para la ausencia de Dios en tiempo de ocaso; dado que nosotros, ante el Dios ausente, vamos a desaparecer‚ÄĚ.

Acudir a Dios como ‚Äúsalvador de √ļltima instancia‚ÄĚ es fruto del convencimiento de ‚Äúla obsolescencia del hombre‚ÄĚ (G√ľnther Anders) ante los crecientes ‚Äúriesgos existenciales‚ÄĚ que enfrenta la Humanidad: el riesgo Auschwitz, es decir, la capacidad del ser humano de producir, masiva e industrialmente, en los campos de exterminio nazi, millones de cad√°veres; el riesgo Hiroshima o la capacidad de que la humanidad se extermine a s√≠ misma; el riesgo Dolly o la posibilidad, a trav√©s de la ingenier√≠a gen√©tica, de alterar la composici√≥n gen√©tica de los seres humanos, clonarlos en masa y crear especies de infrahumanos sometidos a superhombres; el riesgo Terminator o el mundo donde se producen ‚Äúrobots asesinos‚ÄĚ y las computadoras toman consciencia, decidiendo provocar el exterminio de la humanidad mediante esos robots; el riesgo Matusal√©n, con humanos inmortales como propugna el transhumanismo, o capaces de vivir en condiciones de buena salud m√°s all√° de los 120 a√Īos; y, finalmente, el riesgo Apocalipsis, surgido en la era del Antropoceno que vivimos, donde la actividad humana sobre la Tierra destruye la biosfera -como demuestra la p√©rdida alarmante de la biodiversidad global a una velocidad comparable al cataclismo que borr√≥ a los dinosaurios de la faz de la Tierra-, la atm√≥sfera ‚Äďque est√° siendo totalmente alterada por las emisiones antropog√©nicas-, la litosfera -que est√° siendo reestructurada por la miner√≠a, la hidrosfera -impactada por la acidificaci√≥n de los oc√©anos-, todo lo que lleva a una extinci√≥n en masa, a una aniquilaci√≥n biol√≥gica global y a la total destrucci√≥n del planeta, por lo menos tal como lo conocemos.

Es obvio que los humanos necesitamos una ‚Äú√©tica mundial‚ÄĚ (Hans Kung) y una ‚Äú√Čtica planetaria desde el Gran Sur‚ÄĚ (Leonardo Boff), que fomenten el di√°logo interreligioso y entre creyentes y no creyentes, el retorno a lo sagrado femenino, y la √©tica del cuidado y la solidaridad con los m√°s pobres y vulnerables; y un desarrollo de la empat√≠a (Jeremy Rifkin), para reconocer que seres humanos y animales, compartimos el ser seres vivos y el ser seres sintientes y, posiblemente, pensantes. ‚ÄúDios ha muerto‚ÄĚ (Hegel, Dostoievski Nietzsche) en el momento mismo en que, siendo creados a ‚Äúimagen y semejanza de Dios‚ÄĚ, pensamos que no somos simple manifestaci√≥n del esplendor divino, sino que nos comportamos como dioses, pero, naturalmente, sin el amor, la sabidur√≠a y la responsabilidad del creador. Por eso, para muchos de nosotros -creyentes, cristianos, cat√≥licos-, lo que est√° en juego no es que solo ‚Äúun‚ÄĚ Dios podr√° salvarnos, sino de algo m√°s trascendente: en verdad, solo Dios podr√° salvarnos. De ah√≠ que, desde nuestra cosmovisi√≥n cristiana y desde nuestra fe ‚Äďque no es m√°s que ‚Äúla certeza de lo que se espera, la convicci√≥n de lo que no se ve‚ÄĚ (Hebreos 11:1-17), ha llegado el tiempo de que, a emulaci√≥n de Jes√ļs Dios -que, en un proceso de ‚Äúhumanizaci√≥n de Dios‚ÄĚ, ‚Äúse despoj√≥ de su rango y se hizo como uno de tantos‚ÄĚ (Jos√© M. Castillo)- busquemos nuestra propia humanidad en los dem√°s, asumiendo, adem√°s, frente a la Tierra y los seres vivos que la habitan y habitar√°n un ‚Äúprincipio de responsabilidad‚ÄĚ (Hans Jonas) que humanice la ciencia, respete la Tierra y tome en cuenta a los seres presentes y futuros, armados del ‚Äúprincipio esperanza‚ÄĚ (Ernst Bloch), para intentar as√≠ hacer real la utop√≠a concreta y posible de un mundo sostenible, libre, justo y democr√°tico, conscientes eso s√≠ de que ‚Äúahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor‚ÄĚ (Corintios 13:13).