Viernes, 05 Enero 2018 09:17

Los juegos del hambre

Escrito por  Eduardo Jorge Prats
Twitter: @EdJorgePrats Twitter: @EdJorgePrats

Cuenta el fil贸sofo Slavoj Zizek una an茅cdota de los tiempos de la Primera Guerra Mundial. Un oficial alem谩n escribe un telegrama a sus aliados austriacos: 鈥淎qu铆 la situaci贸n es seria, pero no catastr贸fica鈥. Los austriacos responden: 鈥淎qu铆 la situaci贸n es catastr贸fica, pero no seria鈥. Para Zizek, 鈥渆sta 煤ltima frase define nuestra 茅poca. Nos cuesta tomar en serio la debacle a la que nos enfrentamos鈥.

Algo parecido ocurre en Venezuela: todos sabemos que la situaci贸n econ贸mica es realmente catastr贸fica. Seg煤n el periodista Andres Oppenheimer, Venezuela habr铆a entrado en una nueva etapa de declive econ贸mico: la hiperinflaci贸n, que es cuando los precios suben m谩s de 50% por mes, augurando el Fondo Monetario Internacional, que habr谩 una tasa de inflaci贸n acumulada de casi 2.400% en 2018, con una reducci贸n del Producto Interno Bruto venezolano de m谩s de 10%. El principal da帽o humanitario causado por este proceso hiperinflacionario es que los niveles de hambre han aumentado en un pa铆s rico en recursos petrol铆feros y que hab铆a mejorado notablemente la alimentaci贸n de la poblaci贸n, incluso bajo el gobierno de Hugo Ch谩vez. Como lo tiene que confesar el pol铆tico Reinaldo Iturriza L贸pez, de credenciales chavistas incuestionables y c谩ustico cr铆tico de los reportajes de la prensa internacional sobre el hambre extendida en Venezuela, 鈥渆ntre 2008-2010 y 2014-2016, la subalimentaci贸n en Venezuela ha aumentado 9,9 puntos porcentuales. En apenas ocho a帽os, 3.2 millones de personas pasaron a estar subalimentadas鈥.

Pese a esta innegable crisis econ贸mica y alimentaria, la respuesta del gobierno venezolano es que la situaci贸n es catastr贸fica pero no seria y ha pasado a interpretar el consabido gui贸n populista: (i) achacando la culpa de los males a la 鈥済uerra econ贸mica鈥 desatada por el 鈥渋mperialismo yanqui鈥 y sus aliados 鈥渆scu谩lidos鈥 de la burgues铆a venezolana, dedicados al 鈥渟abotaje鈥 y al 鈥渁caparamiento鈥 de alimentos de primera necesidad; (ii) controlando los precios; y (iii) confiscando los productos y empresas considerados 鈥渆strat茅gicos鈥.

Muchos analistas sostienen que detr谩s de esta crisis hay una estrategia cuidadosamente dise帽ada por el gobierno venezolano y que se inscribe en la peor tradici贸n de los m谩s emblem谩ticos reg铆menes comunistas en la historia del siglo XX. Axel Capriles ha recordado 鈥渆l uso del hambre como instrumento de sometimiento y sumisi贸n鈥, como lo atestiguan la hambruna rusa de 1921-1922, la gran hambruna sovi茅tica de 1932-1933 y la gran hambruna china de 1958-1961. A esta lista yo a帽adir铆a, eso s铆, guardando las distancias, el hambre estructural a cuenta gotas administrada en Cuba a trav茅s de las libretas de racionamiento, hoy tambi茅n implementadas en Venezuela, y que hacen que en la patria de Jos茅 Mart铆, alabada parad贸jicamente por la Organizaci贸n de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentaci贸n por su 鈥渓ucha contra el hambre鈥, como se帽ala con sorna el escritor Leonardo Padura, 鈥渘adie se ha muerto de hambre, pero nadie ha comido lo que ha querido鈥. M谩s recientemente, 脕ngel Alayon ha analizado como Lenin y Stalin aprovecharon 鈥渆l hambre como oportunidad pol铆tica鈥, citando a Lenin para quien 鈥渦n momento como el del hambre y la desesperaci贸n es 煤nico para crear entre las masas campesinas una disposici贸n que nos garantice su simpat铆a o en cualquier caso neutralidad鈥.

Pero realmente el premeditado instrumento pol铆tico de dominaci贸n no es tanto el hambre como su causa fundamental: la hiperinflaci贸n. No es que, en palabras de Zizek sobre la huella de Fredric Jameson, es m谩s f谩cil imaginar el fin del mundo que alternativas al sistema capitalista, sino que somos incapaces de darnos cuenta que, como dec铆a Val茅ry, reeditando a Spengler, 鈥渘osotras las civilizaciones, sabemos ahora que somos perecederas鈥 y que la civilizaci贸n capitalista -cuyo sistema nervioso central es el dinero, capaz de transformarse en mercanc铆a y capital v铆a la tasa de inter茅s, y dinero que no es una cosa sino m谩s bien la creencia en una cosa- est谩 basado en la confianza (鈥渢rust鈥) y la confianza se pierde cuando se pierde la confianza. O, como lo dice mejor John Maynard Keynes en su libro 鈥淟as consecuencias econ贸micas de la paz鈥 -en pasaje que encaja como anillo al dedo a Venezuela y que me ha revelado el joven y brillante economista dominicano Ra煤l Ovalle, varias veces ganador del prestigioso concurso de econom铆a del Banco Central-:

鈥淪e dice que Lenin ha declarado que el medio mejor para destruir el sistema capitalista es viciar la circulaci贸n. Con un proceso continuado de inflaci贸n, los gobiernos pueden confiscar, secreta e inadvertidamente, una parte importante de la riqueza de sus ciudadanos. Por este m茅todo, no s贸lo confiscan, sino que confiscan arbitrariamente; y aunque el procedimiento arruina a muchos, por el momento enriquece a algunos. La contemplaci贸n de esta reorganizaci贸n arbitraria a favor de los ricos atenta no s贸lo a la seguridad, sino a la confianza en la equidad de la actual distribuci贸n de la riqueza. Los favorecidos por este sistema, a煤n m谩s de lo que merecen y a煤n m谩s de sus esperanzas o deseos, se convierten en especuladores, objeto del odio de la burgues铆a, a la que la inflaci贸n ha empobrecido, no menos que del proletariado. Como la inflaci贸n sigue y el valor real de la moneda tiene grandes fluctuaciones de mes a mes, todas las relaciones permanentes entre deudores y acreedores, que constituyen el primer fundamento del capitalismo, se desordenan tan profundamente que llegan a no tener sentido, y el procedimiento para hacer dinero degenera en un juego y en una loter铆a. Lenin ten铆a, ciertamente, raz贸n. No hay medio m谩s sutil ni m谩s seguro de trastornar las bases existentes de la sociedad, que envilecer el valor de la moneda. El procedimiento pone todas las fuerzas rec贸nditas de las leyes econ贸micas del lado de la destrucci贸n, y lo hace de manera tal, que ni un solo hombre, entre un mill贸n, es capaz de notarlo鈥.