Lunes, 18 Diciembre 2017 10:39

El PLD: cuarenta y cuatro a帽os despu茅s

Escrito por  Leonel Fern谩ndez
Twitter: @LeonelFernandez Twitter: @LeonelFernandez

Al arribar a su cuadrag茅simo cuarto aniversario, el Partido de la Liberaci贸n Dominicana (PLD) se encuentra en el sitial privilegiado de ser, hasta ahora, la organizaci贸n pol铆tica m谩s exitosa en la historia de la Rep煤blica Dominicana.

Nunca antes, en democracia, ninguna instituci贸n pol铆tica hab铆a logrado obtener cuatro triunfos electorales presidenciales consecutivos.

Tampoco hab铆a acompa帽ado esos triunfos presidenciales de tres victorias continuas en el 谩mbito congresional y municipal.

En la historia nacional, simplemente, ning煤n partido hab铆a cosechado ocho victorias electorales, entre presidenciales y a otros puestos electivos, por encima del 50 por ciento de los votos.

Eso no lo lograron ni el Partido Rojo ni el Partido Azul en el siglo XIX. Ni los jimenistas u horacistas a principios del siglo XX. Tampoco la Uni贸n C铆vica Nacional, el Partido Reformista Social Cristiano, o el Partido Revolucionario Dominicano luego de la desaparici贸n de la satrap铆a trujillista, en los m谩s de 50 a帽os de proceso de democratizaci贸n que ha vivido nuestro pa铆s.

Ese firme y consistente respaldo electoral s贸lo lo ha conquistado en sus 44 a帽os de trajinar pol铆tico, la estructura creada por el profesor Juan Bosch: el Partido de la Liberaci贸n Dominicana.

Por supuesto, esa impresionante maquinaria electoral de la que dispone el partido morado se ha debido, fundamentalmente, al hecho de que las gestiones de gobierno que le ha correspondido encabezar, desde la actual, liderada por el presidente Danilo Medina, como las previas, han contribuido a un aceleramiento del proceso de progreso, modernizaci贸n y transformaci贸n social que ha experimentado la Rep煤blica Dominicana durante los 煤ltimos 20 a帽os.

Al ser as铆, el electorado le ha premiado con creces en cada certamen electoral.

No siempre fue as铆聽

Sin embargo, no siempre fue de esa manera. Al constituirse, en 1973, el partido de la estrella amarilla dedic贸 los primeros cinco a帽os de su existencia a una labor puramente organizativa y propagand铆stica.

Luego, en 1978, particip贸 por vez primera en un certamen electoral.

Los resultados no pudieron ser m谩s ominosos. S贸lo obtuvo 18,000 votos, equivalente al 1 por ciento del sufragio, con el agravante de un aislamiento pol铆tico posterior.

Fue un momento l煤gubre en la vida del PLD. Destacados dirigentes abandonaron sus filas. Prestigiosos analistas pol铆ticos nacionales pronosticaron su defunci贸n.

La desmoralizaci贸n cund铆a en las filas de la organizaci贸n y el profesor Juan Bosch fue estigmatizado como un cad谩ver pol铆tico.

Fueron los d铆as m谩s aciagos en la existencia de la familia pelede铆sta.

Sin embargo, en medio de ese desconcierto, el PLD pudo levantarse, sacudirse el polvo del camino (como dir铆a Mart铆), mirar hacia el horizonte con fe, optimismo y determinaci贸n, y cambiar el rumbo de la historia.

Luego de los desoladores resultados electorales de 1978, el PLD no hizo m谩s que crecer. As铆 lo demuestran los resultados de 1982, 1986 y 1990.

En cada uno de esos torneos, el partido morado crec铆a, pr谩cticamente, en proporci贸n geom茅trica, algo sin precedentes en la pol铆tica nacional, pero que se deb铆a, esencialmente, al liderazgo inexpugnable del profesor Juan Bosch.

No obstante, a pesar de los avances conquistados, despu茅s de cada proceso electoral, ven铆a alg煤n tipo de contratiempo dentro de las filas moradas. Algunos altos dirigentes abandonaban sus filas. Se formaban grupos o corrientes; y se lleg贸 hasta a perder la fe de que en alg煤n momento el PLD dejar铆a de ser la tercera fuerza pol铆tica del pa铆s, detr谩s del PRD y del Partido Reformista, para convertirse en la primera.

Todo eso cambi贸 para el 1990. Debido a la profunda crisis econ贸mica y social por la que atravesaba el pa铆s, se consider贸, en importantes n煤cleos de la poblaci贸n, que hab铆a llegado el momento de que el PLD se instalara en el Palacio Nacional.

Estuvo cerca de lograrlo. Pero al no alcanzarse la meta, de nuevo hubo importantes deserciones que sumieron a la organizaci贸n en una crisis de considerables dimensiones.

Para el 1994, la situaci贸n empeor贸.

Por vez primera, desde la cat谩strofe de 1978, el PLD retroced铆a en sus resultados electorales. M谩s a煤n, el ciclo biol贸gico y pol铆tico de su cabeza m谩s representativa se agotaba. El futuro del PLD parec铆a incierto.

Pero he ah铆 que cuando menos se consideraba la posibilidad de que el partido fundado por Juan Bosch fuese opci贸n de poder, ocurri贸 lo inesperado. Una nueva generaci贸n, levantando los ideales de su l铆der y maestro, acept贸 el pase de antorcha y asumi贸, dos a帽os despu茅s, en el 1996, la direcci贸n de los destinos nacionales.

Los retos de la victoria聽

Al Partido de la Liberaci贸n Dominicana (PLD) le tom贸 23 a帽os de trabajo intenso, de perseverancia y tenacidad, de una militancia activa y entusiasta, para alcanzar la cima del poder. Sin embargo, en los 煤ltimos 21 a帽os ha sido la fuerza dominante en el escenario pol铆tico nacional; y en el a帽o 2020, al t茅rmino de la actual gesti贸n de gobierno, habr谩 ejercido el mando durante 20 de los 煤ltimos 24 a帽os. Toda una haza帽a.

Todo eso plantea nuevos retos a la familia pelede铆sta: los retos de la victoria, que son, a veces, hasta m谩s complejos que los infortunios de la derrota.

Con la derrota, todo se desvanece.

Con la victoria, sin embargo, surgen nuevos compromisos y responsabilidades. Al elegir a sus representantes, el pueblo cifra en ellos sus esperanzas de un mejor destino.

Esos representantes, pues, tienen el deber de estar a la altura de las expectativas del pueblo que deposit贸 en ellos su confianza. Eso significa que su principal obligaci贸n consiste en contribuir a la satisfacci贸n de las necesidades del pueblo.

En asumir la defensa y promoci贸n de los intereses de la naci贸n.

Sin embargo, en la pr谩ctica ocurren muchas desviaciones. Para algunos, el desempe帽o de un cargo p煤blico se convierte en una obsesi贸n.

Se procura el nombramiento en una funci贸n p煤blica para de esa manera cristalizar sus ansias de poder.

Para esas personas, el cargo p煤blico es lo 煤nico que les confiere autoridad. Es lo que les otorga prestigio. Es lo que les hace ser considerados y estimados por los dem谩s. Es lo que les hace sentirse importantes. Es, en definitiva, lo que les proporciona aliento de vida.

Por supuesto, detr谩s del nombramiento viene la b煤squeda de prebendas y privilegios; y detr谩s de eso, el deseo irrefrenable de seguir escalando nuevas posiciones.

Se crea una insatisfacci贸n permanente. El cargo que se ejerce ya no interesa. S贸lo sirve como trampol铆n para nuevas aspiraciones.

No es que la b煤squeda de un cargo p煤blico sea algo ignominioso.

Por el contrario, puede ser algo muy honorable. Solo que su raz贸n de ser no puede consistir en la satisfacci贸n de un deseo de car谩cter personal, sino en la gran oportunidad que se ofrece para servir de instrumento o canalizaci贸n de los intereses del pueblo.

De ser as铆, se rescata la m铆stica, el sentimiento patri贸tico, el sentido de la historia, la visi贸n de futuro y la reafirmaci贸n del compromiso de que se forma parte de un proyecto pol铆tico cuyo objetivo esencial es alcanzar la democracia, la libertad, la prosperidad, el bienestar y la justicia social.

A todas las organizaciones pol铆ticas que han resultado victoriosas en su tr谩nsito por la historia se les han presentado las mismas disyuntivas que en estos momentos se les presentan a la formaci贸n pol铆tica que, en el marco de la democracia, mayores 茅xitos ha cosechado en la historia de la Rep煤blica Dominicana: el Partido de la Liberaci贸n Dominicana.

Para continuar acumulando nuevas victorias al servicio del pueblo dominicano, tal vez haga falta siempre apelar, dentro de las filas del partido morado, a un valor sencillo, pero fundamental para la convivencia humana: el de la prudencia.

Es posible que fuese quiz谩s a eso a lo que de manera subliminal quiso referirse una reciente publicaci贸n de la redacci贸n del peri贸dico El D铆a, titulado, Morir de 脡xito, como 脥caro.

En la mitolog铆a griega se cuenta que D茅dalo fabric贸 alas para 茅l y para su hijo 脥caro, enlazando plumas que un铆a con hilo.

Luego, las adhiri贸 al cuerpo aplicando cera.

D茅dalo advirti贸 a 脥caro que fuese prudente; que no volase demasiado alto porque el calor del sol derretir铆a la cera, pero tampoco demasiado bajo porque las olas del mar mojar铆an las alas y no podr铆a volar.

Luego de aprender a dominar el aire, 脥caro se sinti贸 tan confiado que de manera imprudente empez贸 a subir de altura. Quiso ascender al sol, pero en su af谩n subi贸 tanto que se derriti贸 la cera y cay贸 al mar, donde muri贸 ahogado para desconsuelo de su padre D茅dalo.

La lecci贸n es simple: Evitar morir de 茅xito.

Que as铆 sea.