Viernes, 10 Noviembre 2017 11:50

La nueva posici贸n constitucional de los partidos

Escrito por  Eduardo Jorge Prats
Twitter: @EdJorgePrats Twitter: @EdJorgePrats

Namphi Rodr铆guez afirma que he cambiado mi posici贸n respecto a la constitucionalidad de las primarias abiertas y que no he 鈥渆xplicado las razones jur铆dicas que justifiquen un cambio鈥 doctrinario respecto al tema (鈥淧rimarias abiertas y elusi贸n constitucional, List铆n Diario, 4 de noviembre de 2017). Sin pretender ser ese olvidado gran constitucionalista dominicano Rafael J. Castillo, a quien el senador Gustavo A. D铆az acus贸 en 1929 de afirmar que la Constituci贸n de 1908 no estaba vigente en las elecciones de 1924, en oposici贸n a lo sostenido en sus sentencias firmadas como presidente de la Suprema Corte de Justicia (SCJ), se me acusa de 鈥渉aberme puesto en contradicci贸n conmigo mismo鈥. Al igual que Castillo, afirmo aqu铆 que 鈥渄esde luego, eso no ha ocurrido鈥 y que, en realidad, no he variado mi criterio, sino que lo que ha cambiado es la posici贸n constitucional de los partidos, tal como es concebida por el Tribunal Constitucional (TC).

En efecto, en el volumen II de mi manual de Derecho Constitucional, sostengo que 鈥渓a ley no puede obligar a los partidos a ser partidos de masas en lugar de partidos de cuadros ni constre帽ir a los partidos a celebrar primarias abiertas como requisito para seleccionar sus candidatos a elecciones鈥. Esto lo afirmo, partiendo del supuesto de que 鈥渓os partidos son asociaciones privadas que aglutinan y articulan los intereses y cosmovisiones de determinadas clases y grupos sociales鈥. Es el mismo criterio sostenido por la SCJ en su c茅lebre decisi贸n de 2005, para la que las 鈥渄isposiciones constitucionales no s贸lo consagran el principio gen茅rico de la libertad de asociaci贸n en materia pol铆tica, sino que el procedimiento escogido por ellas para el control de la funci贸n electoral es el meramente exterior que se caracteriza por la no intervenci贸n del Estado en el 谩mbito del derecho de asociaci贸n pol铆tica de los ciudadanos, el cual conserva su naturaleza privat铆stica originaria, pues la actividad efectuada por ellos (los partidos), si bien se enmarca en el ejercicio de la funci贸n p煤blica por ser parte de la funci贸n electoral, no por ello adquiere la categor铆a de funci贸n estatal鈥.

Ahora bien, el TC 鈥揷uya jurisprudencia al respecto no hab铆a sido dictada a la hora de la 煤ltima edici贸n del 2012 de mi manual- no comparte ni el criterio m铆o ni el de la SCJ. En contraposici贸n a la referida sentencia del 2005, para el TC 鈥渓os partidos pol铆ticos son instituciones p煤blicas鈥 (Sentencia TC/0192/15), aunque 鈥渄e naturaleza no estatal con base asociativa, por lo que deben contar con estructuras democratizadoras que garanticen el derecho de sus militantes a intervenir en la vida interna de la agrupaci贸n, a efecto de dar cumplimiento al derecho de participaci贸n pol铆tica鈥 (Sentencia TC/0531/15). Rodr铆guez quiere minimizar este dr谩stico y dram谩tico cambio jur铆dico-conceptual del TC, alegando que 鈥渆s obvio que se trata de un gazapo ling眉铆stico de nuestros magistrados constitucionales, que nunca han querido decir que los partidos son 鈥榠nstituciones p煤blicas鈥, estatales o cuasi-estatales鈥 鈥揳l igual que Jaime L. Rodr铆guez, quien llega al extremo de se帽alar que se trata de un 鈥渆rror鈥 del TC (鈥淥bjeciones constitucionales al car谩cter obligatorio de las primarias abiertas鈥, Acento, 29 de octubre de 2017)-, pero lo cierto es que, desde el momento mismo en que el TC afirma que los partidos son instituciones p煤blicas, ya no puede decirse, como lo hace la SCJ en su sentencia de 2005, que el procedimiento escogido por la Constituci贸n 鈥減ara el control de la funci贸n electoral es el meramente exterior que se caracteriza por la no intervenci贸n del Estado en el 谩mbito del derecho de asociaci贸n pol铆tica de los ciudadanos, el cual conserva su naturaleza privat铆stica originaria鈥. A la luz de esta concepci贸n del TC acerca de la naturaleza jur铆dico-p煤blica de los partidos, ser铆a constitucionalmente admisible la organizaci贸n de primarias abiertas, obligatorias, simult谩neas y vigiladas por la JCE, pues, si bien los partidos no son 贸rganos estatales, s铆 son, conforme nuestros jueces constitucionales especializados, 鈥渋nstituciones p煤blicas鈥, que, por tanto, no pueden ampararse en modo alguno en su inexistente naturaleza privada para obviar una injerencia externa intensa en sus procedimientos internos.

Este giro copernicano operado por el TC en la conceptuaci贸n de la naturaleza de los partidos viene a dar cuenta de un fen贸meno global y avasallador: el de que, como bien afirma Fernando Flores Gim茅nez, 鈥渓os partidos, al menos los partidos m谩s relevantes, son en esencia m谩quinas electorales estatalizadas, por lo que desde esta perspectiva puede decirse que, una vez consolidados en el sistema, su relevancia p煤blico-constitucional no solo es indiscutible sino que es total鈥. Es claro entonces que 鈥渓a posici贸n constitucional de los partidos ya no es lo que era鈥, por lo que, m谩s que obst谩culos constitucionales, lo que sobran son los 鈥渁rgumentos a favor de una legislaci贸n m谩s intensa sobre los partidos鈥, que contribuya, 鈥渃on una norma m谩s intervencionista sobre los partidos, a la reubicaci贸n que la salud del sistema democr谩tico parece exigirles鈥, en lugar de 鈥渄ejarse, como hasta ahora, que sea fundamentalmente a trav茅s de la autorregulaci贸n que las organizaciones partidarias vayan acomod谩ndose a las exigencias ciudadanas y del sistema鈥. Es por ello que, tanto en Europa como en Am茅rica, 鈥減uede afirmarse [que] el principio liberal de no intervenci贸n en los asuntos internos de los partidos ha perdido fuerza鈥, propugn谩ndose por 鈥渦na mayor intervenci贸n y control por la ley sobre la creaci贸n, organizaci贸n, financiaci贸n y funcionamiento de los partidos pol铆ticos鈥. El hecho de que los partidos pol铆ticos sean manifestaci贸n de derechos fundamentales, como la asociaci贸n, la expresi贸n o la participaci贸n pol铆tica, en nada es 贸bice para esa regulaci贸n intensa de los partidos sino que, muy por el contrario, 鈥渆s precisamente la relevancia de esos derechos junto a la capacidad de los partidos de corromperlos lo que [la] justifica鈥.