Viernes, 08 Septiembre 2017 09:36

La Constituci贸n de los animales

Escrito por  Eduardo Jorge Prats
Twitter: @EdJorgePrats Twitter: @EdJorgePrats

El pasado 26 de julio la Corte Suprema de Justicia de Colombia, en fallo del magistrado Luis Armando Tolosa Villabona, resolvi贸 la petici贸n de h谩beas corpus incoada para proteger los derechos de Chucho, un oso de anteojos de 23 a帽os que hab铆a sido trasladado al zool贸gico de Barranquilla, a permanecer en la reserva de R铆o Blanco, en Manizales, donde hab铆a pasado 18 a帽os en condiciones m谩s o menos benignas de semi cautiverio. El caso es el m谩s reciente de una serie de procesos en donde se reclaman derechos de animales: el de la chimpanc茅 Suiza, quien viv铆a en el zool贸gico de Salvador, en Brasil, pero no pudo disfrutar su derecho a vivir en un medio similar a su ambiente natural pues, antes de ser liberada, muri贸 envenenada; el de la orangut谩n Sandra, que viv铆a encerrada en el zool贸gico de Buenos Aires, en Argentina, pero que, a pesar de ganar en los tribunales su caso en 2014, no pudo ser conducida al santuario de Sorocaba, en Brasil, por una tuberculosis que contrajo en su confinamiento; y el de la chimpanc茅 Cecilia, que, en enero de 2017, logr贸 amparo judicial de sus derechos y fue trasladada al santuario de Sorocaba.

Lo trascendental del caso de Chucho, sin embargo, y que va m谩s all谩 del hecho de que la justicia colombiana reconoce que una acci贸n constitucional de garant铆a como el h谩beas corpus, que protege, en principio, el derecho humano a la libertad f铆sica, pueda proteger derechos de animales no humanos o derechos no humanos, es que, por vez primera en la historia del Derecho, o por lo menos en Am茅rica Latina, se reconoce que los animales no humanos, al igual que los humanos, son 鈥渟eres sintientes鈥 y que, por tanto, en virtud de la ley colombiana de Protecci贸n Animal No. 1774 de 2016, 鈥渘o son cosas鈥, por lo que 鈥渞ecibir谩n especial protecci贸n contra el sufrimiento y el dolor, en especial, el causado directa o indirectamente por los humanos鈥, aparte de tener derecho a no sufrir hambre ni sed o malestar f铆sico ni dolor y derechos a que no les sean provocadas enfermedades por negligencia o descuido, a que no sean sometidos a condiciones de miedo ni estr茅s y a que puedan manifestar su comportamiento natural.

Queda claro con este fallo que, como bien afirma Ra煤l Zaffaroni, 鈥渆l bien jur铆dico en el delito de malos tratos a animales no es otro que el derecho del propio animal a no ser objeto de crueldad humana, para lo cual es menester reconocerle el car谩cter de sujeto de derechos鈥. Solo con este reconocimiento, los humanos, 鈥渜ue nos hemos convertido en los campeones biol贸gicos de la destrucci贸n intra-especie y en los depredadores m谩ximos extra-especie鈥, podremos sustituir 鈥渆l saber del dominus por el de frater鈥 y recuperar la dignidad humana鈥. De este modo, nos hermanaremos con los dem谩s seres del planeta, como expresi贸n de la emergente 鈥渃ivilizaci贸n emp谩tica鈥 (Jeremy Rifkin) y del convencimiento global de que, como afirma Leonardo Boff, 鈥渘osotros [los seres humanos] no vivimos sobre la Tierra. Nosotros somos Tierra (adamahadam, humus-homo-homem), parte de la Tierra.鈥 Como establece el juez Tolosa Villabona, este reconocimiento busca 鈥渓a conservaci贸n del universo, garantiz谩ndose la supervivencia de la especie humana y su entorno, teniendo como objetivo la construcci贸n de una visi贸n 鈥榚coc茅ntrica-antr贸pica鈥 dentro del marco de un orden p煤blico ecol贸gico nacional e internacional鈥, donde los animales son nuestros 鈥渉ermanos menores鈥 (San Francisco de As铆s) y todos somos parte de la Madre Tierra, la antigua Magna M谩ter, la andina Pachamama, la ta铆na Itiba Cahubabala, la Gaia (James Lovelock), la Casa Com煤n del Papa Francisco.

L贸gicamente, este positivo activismo jurisdiccional a favor de los derechos de los animales provoca la reacci贸n de quienes entienden que los derechos consagrados en la Constituci贸n y en los instrumentos internacionales son derechos solo para los humanos. Sin embargo, si se analizan con detenimiento algunas de nuestras constituciones, incluyendo la Constituci贸n dominicana de 2010, veremos que los derechos se reconocen a la 鈥減ersona鈥 y no solo a la humana, por lo que ser铆a constitucionalmente admisible reconocer derechos fundamentales impl铆citos a los animales. Los sistemas jur铆dicos no son ajenos a tal extensi贸n de derechos, c贸nsona, adem谩s, con el hecho de que, en dichos sistemas, la personalidad jur铆dica ha sido siempre una ficci贸n legal que se reconoce a las personas morales (compa帽铆as, sindicatos, etc.). M谩s a煤n, si la ausencia de conciencia en los animales 鈥揷osa muy discutible por la ciencia hoy en d铆a- es la base para negar derechos a los animales, entonces habr铆a que admitir lo que el sentido com煤n rechaza: negar derechos al ser humano que se encuentra en un estado vegetativo.

Algunos consideran que reconocer derechos a los animales desvaloriza el concepto de derecho fundamental inherente a la persona humana. Pero, en realidad, durante siglos tanto los animales no humanos como los humanos esclavos fueron considerados objeto de propiedad y no personas sujetos de derechos e, incluso hoy, como bien demuestra el desarrollo del Derecho penal del enemigo, hay quienes sostienen que los 鈥渆nemigos鈥 (terroristas, violadores reincidentes, etc.) son 鈥渘o personas鈥, especies de animales peligrosos que merecen un tratamiento penal m谩s riguroso que las personas, pues no brindan seguridades cognitivas al -ni merecen la confianza del- sistema jur铆dico. Aunque es perfectamente posible dictar y aplicar leyes de protecci贸n de los animales y de la naturaleza y asesinar millones de humanos, como evidencia el nazismo 鈥損or lo que habr铆a que corregir a Arthur Schopenhauer y decir que quien trata bien a los animales no necesariamente es una buena persona-, es claro que reconocer derechos a los animales nos convencer铆a de que, como los animales tienen derechos, todos los seres humanos 鈥搒in excepci贸n- deber铆amos tenerlos tambi茅n.