Viernes, 08 Septiembre 2017 09:31

Desafíos en el ejercicio diplomático

Escrito por  Manuel Morales Lama
Por Manuel Morales Lama Por Manuel Morales Lama

En la din√°mica actual de las relaciones internacionales, en la que inciden determinantemente requerimientos contempor√°neos, las acciones que corresponden a la diplomacia suelen enfocarse hacia labores que tienden a ‚Äúoptimizar‚ÄĚ la ejecuci√≥n de la pol√≠tica exterior del Estado. Con esta finalidad se han ido creando ‚Äúformulas‚ÄĚ, cuya consagraci√≥n en este √°mbito la determina, b√°sicamente, la efectividad y consistencia de sus resultados.

Tales ¬†‚Äúf√≥rmulas‚ÄĚ se implementan y desarrollan en el contexto de la aplicaci√≥n de los m√©todos que son propios de las gestiones y negociaciones de car√°cter diplom√°tico, particularmente en su ejercicio profesional, que tiene lugar en el marco de las ineludibles responsabilidades referentes a la ‚Äúdefensa, salvaguarda y promoci√≥n‚ÄĚ de los intereses fundamentales de la naci√≥n, en plena armon√≠a con los derechos y deberes inherentes a las funciones del agente diplom√°tico, como representante del Estado, y conforme al tratado fundamental que rige globalmente la materia, la Convenci√≥n de Viena sobre Relaciones Diplom√°ticas.

Cabe puntualizar, que la diplomacia suele valerse de ‚Äúun arte sutil y aleatorio‚ÄĚ, que, con las formas apropiadas, combina eficazmente los conocimientos y la destreza con convenientes estrategias y t√°cticas. Apela a la capacidad de investigaci√≥n y an√°lisis, debiendo contar con la consabida habilidad y el imprescindible tacto de sus ejecutores.

De este modo se aplican los tipos de comportamiento, de oratoria, de disciplina, e incluso de razonamiento, que los agentes diplom√°ticos (embajadores), y otros aut√©nticos negociadores en el √°mbito internacional, adoptan por lo general, y que constituyen ‚Äúuna especie de c√≥digo internacional de la profesi√≥n‚ÄĚ.

Inequ√≠vocamente, tal como ha sido reconocido reiteradamente por acad√©micos e investigadores en el campo de las relaciones internacionales, el eficiente ejercicio de la diplomacia, adem√°s de bien fundamentados conocimientos, constantemente actualizados, implica habilidades ‚Äúen funci√≥n de las mejores pr√°cticas‚ÄĚ que deben cultivarse y que requieren la acumulaci√≥n de una experiencia relevante en la efectiva conducci√≥n de los v√≠nculos formales entre los Estados y de √©stos con otros sujetos de Derecho Internacional con capacidad para ello.

Procede precisar que un ejercicio inteligente de la actividad diplom√°tica supone claridad de objetivos en materia de pol√≠tica exterior y un ejercicio eminentemente profesional de la propia diplomacia, es decir, a la altura de los retos de la actualidad pol√≠tica y econ√≥mica global, capaz de identificar los ‚Äúdesaf√≠os, riesgos y oportunidades‚ÄĚ del momento a partir de una clara concepci√≥n de la Estrategia Nacional de Desarrollo.

En tal perspectiva, el Ministerio de Relaciones Exteriores suele ser el principal responsable de la acci√≥n exterior del Estado, respetando ¬†como es l√≥gico, la competencia constitucional del Jefe de Estado, donde reside la funci√≥n de determinar la pol√≠tica exterior del Estado, y sin afectar las facultades de los otros Ministerios (con competencia en temas comunes). Pero es el Ministerio de Relaciones Exteriores, seg√ļn constata el Embajador M. Oreja Aguirre: ‚ÄúEl que debe coordinar todas las actividades susceptibles de tener reflejo internacional‚ÄĚ.

Asimismo, a√Īade el autor precedentemente citado, corresponde a dicho Ministerio cuidar de las relaciones con los dem√°s Estados y con las organizaciones internacionales, de las negociaciones relativas a la adopci√≥n de acuerdos internacionales, de la defensa de los derechos y de los intereses p√ļblicos y privados en el campo internacional y del desarrollo de las actividades nacionales en el extranjero.¬†

Debe tenerse presente que los Ministerios de Relaciones Exteriores son las instituciones de los Estados reconocidas formalmente por la ‚ÄúComunidad Internacional‚ÄĚ para la ejecuci√≥n de la pol√≠tica exterior y la asunci√≥n de obligaciones entre pa√≠ses. Al respecto, debe recordarse que hoy las misiones diplom√°ticas, adem√°s de las funciones cl√°sicas, con las correspondientes adecuaciones a la realidad de los tiempos actuales, que habitualmente deben desempe√Īar (representaci√≥n, negociaci√≥n, protecci√≥n de los intereses y los nacionales en el exterior, observaci√≥n y fomento de relaciones e intercambios y de la cooperaci√≥n). Coordinadamente, con una ¬†importancia de primer orden, actualmente deben asumir funciones tales como: la met√≥dica promoci√≥n comercial, que incluye las exportaciones y ,asimismo, la inversi√≥n orientada a la fundamental canalizaci√≥n de la inversi√≥n extranjera hacia el pa√≠s, e igualmente, el apoyo a la internacionalizaci√≥n de empresas locales, entre otras, que demandan una particular y bien fundamentada capacitaci√≥n.

Entre las responsabilidades de la misi√≥n diplom√°tica, tambi√©n est√° la difusi√≥n cultural, y de los valores de la identidad nacional, que suele sustentarse en el fomento ¬†del poder suave (‚Äúsoft power‚ÄĚ) y con ello la implementaci√≥n y desarrollo de mecanismos para auxiliarse convenientemente de los medios electr√≥nicos, e igualmente, de los medios de comunicaci√≥n social. Esto √ļltimo con un especial prop√≥sito, cuando se ha establecido el sistema de la Diplomacia P√ļblica. ¬†En igual contexto, merece resaltarse finalmente, que m√°s que un oficio, la diplomacia, sostiene A. Plantey, es una de las profesiones m√°s hermosas que hoy brinda el Estado. Para aquel que est√© orgulloso de su pa√≠s, y que se sienta fielmente comprometido en la defensa de los intereses de la propia naci√≥n; que adem√°s pueda contar con las correspondientes capacitaciones, y cualificaciones requeridas, para desempe√Īar apropiadamente esta funci√≥n, no hay misi√≥n m√°s noble y enaltecedora que asumir dignamente esa ‚Äúalta representaci√≥n‚ÄĚ ante los dem√°s.