Lunes, 07 Agosto 2017 11:13

El gran reto de los partidos políticos

Escrito por  Leonel Fern√°ndez
Twitter: @LeonelFernandez Twitter: @LeonelFernandez

Desde la desaparición de la dictadura trujillista, una de las dificultades que ha afectado a los partidos políticos dominicanos es el mantenimiento de su unidad interna.

A los dos meses de haberse decapitado la tiranía, el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), formado en el exilio, envió una delegación para iniciar los trabajos de organización de esa entidad política,  integrada por tres de sus más destacados dirigentes: Angel Miolán, Nicolás Silfa y Ramón Castillo.

Sin embargo, poco tiempo después, Nicolás Silfa se desprendía del perredeísmo, creando su propia organización política, el Partido Revolucionario Dominicano Auténtico; y lo mismo hacía Ramón Castillo, quien por sus acrobacias políticas fue rápidamente identificado como Món el Loco.

Luego de la Revolución de Abril de 1965 y la elección del doctor Joaquín Balaguer en 1966, surgen nuevos desprendimientos y divisiones en los partidos y organizaciones políticas del país.

En la izquierda, del Partido Socialista Popular (PSP), liderado por la vieja guardia marxista, emergió una nueva generación que creó el Partido Comunista Dominicano (PCD).

Del Movimiento Revolucionario 14 de Junio se produjo una desbandada hacia el Movimiento Popular Dominicano (MPD) y el Partido Comunista de la Rep√ļblica Dominicana (PACOREDO), al tiempo que se conform√≥ una nueva corriente en su interior, conocida como L√≠nea Roja del 14 de Junio.

Con posterioridad, de la izquierda dominicana se constituyeron, entre otras,  organizaciones como la Unión Patriótica Antiimperialista (UPA); el Partido de los Trabajadores (PTD); el Partido Comunista del Trabajo (PCT); el Movimiento de Izquierda Unida (MIU); la Liga Socialista; y la Fuerza de la Revolución (FR).

PRD, Reformistas y PLD

Sin embargo, ha sido del Partido Revolucionario Dominicano donde mayores divisiones se han producido en la historia de los partidos pol√≠ticos de la Rep√ļblica Dominicana. Se ¬†han llegado a verificar hasta diez rupturas internas, desde su fundaci√≥n en Cuba en el 1939.

Pero desde su instalaci√≥n en el territorio nacional, en 1961, hasta la actualidad, entre los conflictos de mayor trascendencia que han estremecido las filas del perrede√≠smo, se encuentran ¬†la salida del profesor Juan Bosch y un grupo de dirigentes para formar el Partido de la Liberaci√≥n Dominicana (PLD), en 1973; la ruptura de las relaciones entre el doctor Jos√© Francisco Pe√Īa G√≥mez y el licenciado Jacobo Majluta, dando lugar a la formaci√≥n de dos organizaciones pol√≠ticas: el Bloque Institucional Socialista Democr√°tico (BIS), ¬†y el Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Dos disputas posteriores, de significativa ¬†importancia para la vida del partido blanco, la constituyeron la expulsi√≥n de sus filas del licenciado Hatuey Decamps, en el 2004, quien pas√≥ a ¬†formar el Partido Revolucionario Social Dem√≥crata (PRSD); ¬†y finalmente, en el 2014, con motivo de las diferencias irreconciliables entre los miembros de su c√ļpula dirigencial, dando lugar al nacimiento del Partido Revolucionario Moderno (PRM).

En lo que ata√Īe al Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), ni siquiera en el pin√°culo de su gloria ¬†pudo el doctor Joaqu√≠n Balaguer evitar las discrepancias y ¬†escisiones dentro de su formaci√≥n pol√≠tica.

Fue as√≠ que para las elecciones presidenciales de 1970 fue desafiado por el entonces vicepresidente de la Rep√ļblica y presidente de la organizaci√≥n pol√≠tica, ¬†licenciado Francisco Augusto Lora, para la candidatura presidencial de ese a√Īo.

¬† ¬†Al final, Lora abandon√≥ las filas del partido y cre√≥ su propia entidad pol√≠tica, el Movimiento de Integraci√≥n Democr√°tica Anti reeleccionista (MIDA), el cual se constituy√≥ en el principal rival del partido del gallo colorao ¬†en el certamen electoral de ese a√Īo.

El licenciado Fernando √Ālvarez Bogaert, luego de haber acompa√Īado ¬†al doctor Balaguer como candidato a la Vicepresidencia de la Rep√ļblica en los comicios de 1982, ¬†tanto en las elecciones de 1986 como en las de 1990, vio sus aspiraciones frustradas de ser el candidato reformista a la primera magistratura de la naci√≥n.

Por esa raz√≥n ¬†abandon√≥ las filas de esa instituci√≥n pol√≠tica para constituir ¬†el Partido de la Unidad Democr√°tica, el cual, ¬†estableci√≥ una alianza con el PRD ¬†en el 1994, cuando el doctor Pe√Īa G√≥mez ostentaba por segunda vez la candidatura presidencial del partido blanco.

Luego de la desaparición del doctor Balaguer del escenario político nacional, sus seguidores se han fraccionado en distintas corrientes o grupos, de los cuales han salido la Comisión Presidencial del ex-vicepresidente Carlos Morales Troncoso; el Partido Reformista Popular, del senador Amílcar Romero; el Partido Dominicanos por el Cambio del ingeniero Eduardo Estrella; el Partido Liberal Reformista del senador Amable Aristy Castro; así como las distintas facciones y grupos que actualmente pugnan por su control.

Por su lado, el Partido de la Liberaci√≥n Dominicana (PLD), ¬†constituye un caso digno de estudio. Es, hasta ahora, la √ļnica fuerza pol√≠tica ¬†emergente que ha podido consolidarse en el tiempo.

No obstante, luego de su primera participaci√≥n electoral, en 1978, experiment√≥ un movimiento s√≠smico en su interior ¬†que provoc√≥ ¬†la salida de un n√ļcleo importante de sus dirigentes, algunos de los cuales retornaron con posterioridad.

 Pero, a partir de ahí, se produjo un patrón de conducta en el que en cada proceso electoral en que el partido no salía victorioso, se producía un desgarramiento  interno debido a la  expulsión o renuncia de dirigentes que formaban parte de grupos o corrientes.

Eso continu√≥ ocurriendo as√≠ luego de las elecciones de 1986, 1990 y 1994. Fue s√≥lo a partir de los comicios de 1996, cuando ¬†el PLD obtuvo su primera gran victoria electoral que la sangr√≠a pudo detenerse; y aunque en los veinte a√Īos que han seguido a ese triunfo electoral ha habido momentos de inocultables diferencias entre los miembros de su alta direcci√≥n, nunca esas diferencias han puesto en peligro la unidad de la organizaci√≥n.

El desafio del porvenir

Ahora bien, desde la reforma constitucional de 1994 que consigno la realización de elecciones presidenciales y congresionales y municipales en períodos distintos, los partidos políticos dominicanos se han visto envueltos en una dinámica que en lugar de contribuir a su unidad interna, ha sido una de las fuentes de su debilitamiento.

En los √ļltimos 20 a√Īos, desde 1996 a la fecha, en el pa√≠s se han celebrado diez elecciones. Pero cada una de esas elecciones ha estado precedida, a su vez, ¬†de procesos internos de selecci√≥n de candidatos.

Eso ¬†significa que en lugar de diez, ¬†han sido, en realidad, ¬†veinte los procesos electorales, entre internos y externos, a que los partidos han tenido que someterse durante las √ļltimas dos d√©cadas.

Para las organizaciones políticas del país eso ha sido demoledor. Durante todo ese tiempo las principales energías de los partidos han estado concentradas, primero,  en organizar competencias entre sus propios miembros, que a veces culminan en heridas que no logran cicatrizarse.

Pero, en segundo término, en participar en comicios electorales, en los cuales, de no obtenerse los resultados esperados, terminan en frustraciones y amarguras, que se convierten, además,  en la semilla de la discordia que procura identificar  a los presuntos culpables de la derrota, para de esa forma suscitar nuevas fisuras internas.

Desde el a√Īo pasado, 2016, ¬†los partidos pol√≠ticos, sin embargo, ¬†asisten a ¬†una nueva realidad. Por vez primera en veinte a√Īos no tendr√°n que someterse a elecciones tan continuas y extenuantes.

Ahora podrán disponer del tiempo, la calma y la serenidad para reencontrarse con sus valores y principios, reconectarse con sus bases de apoyo  y  renovarse  en sus vínculos con los distintos estamentos de la sociedad.

Los partidos deberán comprender que con las transformaciones a nivel global, los cambios demográficos internos, el empleo de las modernas tecnologías digitales de comunicación y las nuevas técnicas de movilización social, hay nuevas formas de acción políticas a las que tendrán que adaptarse o perecer. 

Para la generalidad de los partidos del sistema pol√≠tico, su principal desaf√≠o estar√° en descubrir no s√≥lo sus potencialidades, sino al mismo tiempo sus propias debilidades, aquellas que durante a√Īos les ¬†han hecho caer en un ciclo de adversidades, fracasos y ¬†frustraciones, a fin de verdaderamente poder superarlas. ¬†

Para el Partido de la Liberaci√≥n Dominicana, el que ha sido, en plena democracia, ¬†la fuerza pol√≠tica ¬†dominante en las √ļltimas dos d√©cadas, su reto es al rev√©s del de ¬†los dem√°s. ¬†Consiste en saber administrar sus triunfos.

Para lograrlo, se requiere, con carácter de urgencia, que cada uno de sus miembros comprenda algo muy simple; y es que en la lucha política siempre se anteponen las necesidades del pueblo a las aspiraciones individuales.

De comprenderse esa realidad tan sencilla, que parece hasta una puerilidad, ¬†estamos seguros que la estrella del PLD continuar√° ¬†iluminando, por muchos a√Īos m√°s, ¬†el horizonte pol√≠tico nacional.