Viernes, 14 Julio 2017 11:06

Leer al adversario

Escrito por  Eduardo Jorge Prats
Twitter: @EdJorgePrats Twitter: @EdJorgePrats

El pasado 11 de julio se cumplieron 129 a帽os del nacimiento del gran jurista alem谩n Carl Schmitt. A prop贸sito de esta fecha, publiqu茅 en mi cuenta en Twitter (@EdJorgePrats) un breve comentario donde se帽alaba que Schmitt era un pensador de renovada y permanente actualidad, insertando dos art铆culos, uno de Pablo Sim贸n, explicando la democracia en el pensamiento del alem谩n y otro m铆o, publicado en esta misma columna, donde me refer铆a a la distinci贸n entre democracia y liberalismo -avanzada hace casi un siglo por Schmitt- y como la misma iluminaba el camino de Venezuela, desde ser una democracia populista iliberal bajo Ch谩vez hasta convertirse en el r茅gimen populista impopular bajo Maduro (鈥淐arl Schmitt en Venezuela鈥, 28 de febrero de 2014). Mi tuit provoc贸 algunas reacciones que demuestran el clima espiritual de radical pugnacidad y manique铆smo en que vivimos en la tuitosfera y que, en ese tono sarc谩stico e ir贸nico que es la marca de identidad de los tuiteros m谩s populares, resaltaban lo parad贸jico de proclamar la relevancia de un hombre que se consider贸 el jurista de la Corona nazi, fue seguidor de Hitler, enemigo de la democracia y defensor del Estado totalitario.

Las anteriores aserciones son o infundadas o medias verdades: Schmitt muy pronto cay贸 en desgracia en el r茅gimen de Hitler; nunca fue un fan谩tico de Hitler, no lo trat贸 personalmente y se inscribi贸 en el 煤ltimo minuto en el Partido Nacionalsocialista; no puede decirse que era opuesto a la democracia sino m谩s bien al liberalismo; y, finalmente, m谩s que partidario del Estado totalitario propugnaba por lo que 茅l llamaba un 鈥淓stado total鈥, que se contrapon铆a al Estado total liberal. Pero eso no es lo importante. Porque adem谩s todo ello es discutible y muy controvertido. Aqu铆 lo que resulta crucial es considerar que un intelectual, comprometido en este caso con el nazismo y con ideas en muchos casos autoritarias, no debe ser estimado un erudito preeminente y, por tanto, no debe ser le铆do. Si tenemos este prurito, entonces no debemos leer a Plat贸n por su colaboraci贸n con los tiranos de Siracusa, ni a Maquiavelo por su asesor铆a a los pr铆ncipes de su 茅poca ni a Pe帽a Batlle por ser un intelectual al servicio de Trujillo.

El escritor mexicano Jes煤s Silva-Herzog, refiri茅ndose a la obra ensay铆stica de Isaiah Berlin, remarca que uno de los aspectos m谩s interesantes de esta es el hecho de que Berlin, un liberal de capa y espada, se ocup贸 de leer y estudiar a antiliberales como Marx y antimodernos como Joseph de Maistre. Y es que, como bien afirma el mexicano, 鈥渓eer a los aliados es aburrido. Es mucho m谩s interesante leer a los adversarios porque ellos nos ponen a prueba. Eso es lo que intenta Berlin: reexaminar sus convicciones de liberal atribulado a trav茅s de las interpelaciones de sus cr铆ticos m谩s en茅rgicos鈥.

El propio Schmitt -el creador y propulsor de la distinci贸n amigo/enemigo que hoy subyace tras la l贸gica de la guerra permanente contra el terrorismo y que recargan los populismos de izquierda v铆a la raz贸n populista de Ernesto Laclau y los de derecha a trav茅s de Alain de Benoist y el Groupement de Recherce et d鈥櫭塼udes sur la Civilisation Europ茅enne (GRECE)- ley贸 a sus adversarios: Marx, todos los liberales cl谩sicos desde Locke hasta Montesquieu, y los juristas Herman Heller y Kelsen, con quien sostuvo una c茅lebre y todav铆a actual disputa sobre el sentido de la jurisdicci贸n constitucional.

鈥溌縋or qu茅 leer a Carl Schmitt en la actualidad? 驴Mantiene todav铆a su concepci贸n de [la dial茅ctica] amigo-enemigo alguna pertinencia en nuestra era 鈥減os-pol铆tica鈥? 驴Tienen los dem贸cratas liberales algo que aprender de su cr铆tica del liberalismo? 驴Contin煤a siendo relevante su teor铆a de la soberan铆a en un mundo globalizado?鈥 Estas son las preguntas que se hac铆a Chantal Mouffe al presentar en 1999 el libro colectivo 鈥淭he Challenge of Carl Schmitt鈥. Para Mouffe, 鈥渁 pesar de su estigma moral 茅l es un importante pensador pol铆tico y ser铆a un grave error ignorar su obra por el solo hecho de su apoyo a Hitler en 1933. Sin duda que Schmitt es un adversario de destacable calidad intelectual, y nosotros podr铆amos beneficiarnos del contacto con 茅l. Al ignorar sus puntos de vista nos privar铆amos de muchas ideas que puedan ser usadas para repensar la democracia liberal en vistas al fortalecimiento de sus instituciones [鈥 En la actual coyuntura, el pensamiento de Schmitt nos sirve como advertencia contra los peligros de la complacencia que acarrea un liberalismo triunfante鈥.

Los peligros de que los estados de excepci贸n se vuelvan permanentes, las diferencias entre derechos fundamentales y derechos meramente legales, la existencia de un n煤cleo duro al interior de la Constituci贸n que no es susceptible de reforma, los l铆mites de la despolitizaci贸n o neutralizaci贸n pol铆tica de los 贸rganos constitucionales, los problemas de la partidocracia y del parlamentarismo, la militarizaci贸n de las polic铆as y la conversi贸n de las guerras en operaciones policiales, la criminalizaci贸n de los adversarios en guerra, lo inhumano de las 鈥済uerras humanitarias鈥 y el Derecho penal del enemigo, son solo algunas de las cuestiones que no pueden ser abordadas ni entendidas a cabalidad al margen de Schmitt. Hoy se puede afirmar que Schmitt es el principal pensador pol铆tico del siglo XX. Por eso, como indica Jorge Volpi, 鈥渓a literatura sobre Carl Schmitt crece sin cesar con todos los s铆ntomas de un fen贸meno inflacionario鈥. Para aprender, para ser tolerantes, para corregir los defectos de nuestras democracias, para probar nuestras ideas, hay que leer a los autores inc贸modos, desagradables, contestatarios y pol铆ticamente incorrectos. Hay que ser 鈥渦n lector omn铆voro y promiscuo鈥 (Julio Villanueva Chang), o si se quiere utilizar una frase con la que se autodescribi贸 el propio Schmitt ante su interrogador en Nuremberg, un verdadero 鈥渁venturero intelectual鈥.