Brasil ante el abismo

Martes, 19 Abril 2016 12:25 Escrito por  Publicado en EDITORIAL Visto 668 veces

La aprobaci√≥n de la apertura del proceso de destituci√≥n de la presidenta Dilma Rousseff por una abrumadora mayor√≠a de la C√°mara de Diputados abre una etapa en Brasil marcada por la incertidumbre. La agon√≠a que le espera a la presidenta en las pr√≥ximas semanas para acabar previsiblemente saliendo derrotada y humillada por la puerta de atr√°s de la historia no resuelve ninguna de las inc√≥gnitas que se ciernen sobre el futuro del gigante suramericano. El impeachment deja a un pa√≠s dividido pol√≠ticamente, enfrentado socialmente e inmerso en la peor crisis econ√≥mica de su historia. Tambi√©n en una crisis moral a la que solo el proverbial optimismo de los brasile√Īos podr√° dar soluci√≥n.

El proceso de destitución de Dilma Rousseff no resuelve ninguna de las crisis del país

Brasil se adentra en una transici√≥n a ciegas cuya primera estaci√≥n ser√° el Senado cuando, en los primeros d√≠as de mayo, decida sobre el caso Rousseff. Bastar√° una f√°cil mayor√≠a simple para que la presidenta sea apartada del poder hasta 180 d√≠as mientras se la juzga en ambas C√°maras. Si, como es previsible, se decreta su muerte pol√≠tica, el poder pasar√° al vicepresidente Michel Temer, su antiguo aliado y ahora su peor enemigo, dirigente del Partido del Movimiento Democr√°tico Brasile√Īo (PMDB), derecha, y bajo sospecha de corrupci√≥n. Un personaje oscuro al que los mercados reclaman una dura pol√≠tica de ajuste y una reforma impositiva: probablemente necesarias, con seguridad impopulares.

 

La confluencia de los intereses de Temer con otros dos personajes de su mismo partido ‚ÄĒ Eduardo Cunha, presidente de la C√°mara de Diputados, el evang√©lico maquinador del impeachment, acusado por la Fiscal√≠a de regentar millonarias cuentas en Suiza alimentadas con sobornos de Petrobras‚ÄĒ y Renan Calheiros, presidente del Senado, un artista de la doblez pol√≠tica tambi√©n investigado por corrupci√≥n, ha dado motivos a los seguidores del Partido de los Trabajadores (PT) para considerar todo el proceso ‚Äúun golpe de Estado constitucional‚ÄĚ para desalojar a la izquierda del poder.

 

Golpe o cambio de rumbo ante unas circunstancias de extrema gravedad econ√≥mica ‚ÄĒcomo defienden los partidarios del impeachment‚ÄĒ, dos hechos son incontrovertibles: el caso Petrobras ha expuesto una corrupci√≥n gigantesca en la clase pol√≠tica brasile√Īa que afecta a todos los partidos, izquierda y derecha, sin distinci√≥n; y que, hasta ahora, la √ļnica no acusada de enriquecimiento personal ha sido la propia presidenta. Al fin y al cabo, el impeachment se basa en un tecnicismo fiscal: la pr√°ctica ilegal de recurrir a pr√©stamos de bancos p√ļblicos para equilibrar el presupuesto.

 

Brasil queda en un limbo pol√≠tico en v√≠speras de los Juegos de R√≠o, acuciado por la necesidad de dar respuesta a la recesi√≥n y encontrar una salida a la crisis pol√≠tica. La destituci√≥n de Rousseff no debe detener la limpieza de las cloacas del poder. Pero mucho menos propiciar ‚ÄĒcomo se vio el domingo, con el lamentable espect√°culo ofrecido por los diputados en la votaci√≥n, donde no faltaron gritos, empujones, c√°nticos e incluso un escupitajo‚ÄĒ que la democracia brasile√Īa salga del trance debilitada.