¬ŅQu√© es la pol√≠tica?

Martes, 19 Abril 2016 11:59 Escrito por  Publicado en IDEOLOG√ćAS

Andamos confundidos. Los ciudadanos no queremos elecciones, pero nos disgustan todas las coaliciones sobre la mesa. Los pol√≠ticos no ponen l√≠neas rojas, pero levantan muros a los del otro bando. Y los periodistas sueltan el ‚Äúp√≥nganse de acuerdo de una vez‚ÄĚ en sus sermones matinales para, a continuaci√≥n, pasar a destripar las declaraciones de fulanito de tal contra menganito de cual. Monta√Īas de nobles aspiraciones pol√≠ticas paren ratones de cotilleo.

 

Cuando todos los integrantes de un ecosistema est√°n despistados suele deberse a que falla algo b√°sico. Como el aire o el agua. Algo tan primordial que lo damos por descontado. Y, en nuestro caso, creo que lo que nos falla es una definici√≥n compartida de pol√≠tica. Los espa√Īoles no nos ponemos de acuerdo sobre qu√© es la pol√≠tica. Y, si no sabemos qu√© es, no podemos mejorarla.

 

No es que carezcamos de definiciones te√≥ricas. Tenemos muchas reflexiones escritas sobre el sentido de la pol√≠tica. Lo que nos falta es una definici√≥n operacional que nos permita navegar en un contexto socioecon√≥mico crecientemente complejo e impredecible. Hasta hace poco viv√≠amos en un mundo con muchos riesgos. Por ejemplo, no sab√≠amos si tendr√≠amos un a√Īo de vacas gordas o de vacas flacas. Y, en ese contexto, era relativamente f√°cil ponerse de acuerdo en cu√°l es el √°mbito de la pol√≠tica. En realidad, se trataba de continuar con la l√≥gica anticipada ya en la Biblia: guardar en los a√Īos de vacas gordas en previsi√≥n de los a√Īos de vacas flacas. Pero ahora vivimos en una realidad con muchas incertidumbres, que son m√°s amenazantes que los riesgos. No sabemos si nos aguarda un a√Īo de vacas o de patos. O de cisnes negros. La labor de la pol√≠tica no est√° tan clara. Las fronteras entre lo que nos concierne a todos y lo que concierne s√≥lo a los individuos son m√°s difusas que nunca.

 

 

As√≠, en Espa√Īa se han consolidado dos visiones antag√≥nicas de la pol√≠tica que, una por defecto y otra por exceso, dificultan la comunicaci√≥n entre los adversarios pol√≠ticos. Y polarizan el pa√≠s hacia dos tentaciones igualmente peligrosas: el populismo, para quienes la pol√≠tica debe impregnarlo todo, y la tecnocracia, para quienes la pol√≠tica debe evaporarse y dejar paso a los expertos.

 

Unos, sobre todo idealistas de izquierdas, piensan que ‚Äútodo es pol√≠tica‚ÄĚ. Su objetivo es ‚Äúconquistar espacios para la pol√≠tica‚ÄĚ, arrebat√°ndoselos a los mercados. Cuantos m√°s aspectos abarque la pol√≠tica, m√°s justa ser√° una sociedad, pues pol√≠tica es sin√≥nimo de justicia. De forma que, cada conflicto aislado (de los retrasos de los trenes y los accidentes de tr√°fico en autopistas de peaje a las cuentas offshore en para√≠sos fiscales), cualquier molino de viento, se convierte en una excusa para emprender una quijotesca batalla contra los gigantes mercados. Los problemas son sist√©micos. Los casos de corrupci√≥n no son hechos aislados o contingentes a unas instituciones determinadas, sino el resultado de un sistema corrupto. Esta actitud es la antesala de populismo, el ‚Äúposcapitalismo‚ÄĚ o cualquier otro ‚Äúismo‚ÄĚ que nos salvar√° de este valle de l√°grimas.

 

Los otros, fundamentalmente realistas de derechas, achican tanto la definición de política que la reducen a su factor humano. La política son los políticos. Si hay corrupción es porque hay políticos deshonestos. En toda cesta habrá algunas manzanas podridas. Se quitan y ya está. La política consiste en sustituir a los individuos (o partidos) malos por los buenos. Luego, los más conservadores propondrán oposiciones hasta para el cargo de ministro y los más aperturistas mecanismos de selección propios de una start-up, pero con el mismo sustrato de fondo: el gobierno de los mejores.

 

Pero la buena pol√≠tica no es ni una cosa ni la otra: ni cuestionar el ‚Äúsistema‚ÄĚ en general ni a unas personas en particular. La pol√≠tica es lo que est√° en medio, entre el sistema y el individuo. La pol√≠tica es la discusi√≥n sobre las normas formales, las instituciones, que regulan el comportamiento de los miembros de una comunidad. Las sociedades que circunscriben el √°mbito de la pol√≠tica a este terreno intermedio tienen m√°s posibilidades de superar los problemas colectivos que aquellas, como la espa√Īola, donde no existe un consenso m√≠nimo sobre cu√°l es la esfera de actuaci√≥n de la pol√≠tica.

 

Ve√°moslo con la discusi√≥n en torno a los papeles de Panam√°. En Espa√Īa predominan dos visiones. Por un lado, se discuten hasta la saciedad los casos individuales. De forma justificada o no, hemos hecho juicios medi√°ticos a numerosas personalidades con relevancia pol√≠tica. La asunci√≥n de fondo es que se trata de un problema de moralidad individual: hay buena gente, que paga sus impuestos, y mala gente (o una mala tribu pol√≠tico-empresarial), que crea sociedades offshore para evadirlos. Y, por el otro, abundan las grandes reflexiones sobre el sistema econ√≥mico global y la imperiosa necesidad de coordinar una acci√≥n internacional contra los para√≠sos fiscales. Aqu√≠ la asunci√≥n de fondo es que falla el sistema capitalista o la globalizaci√≥n en su conjunto. La sed de sangre de unos y otros es saciada: sabemos que hay unos individuos (y alg√ļn partido pol√≠tico) p√©rfidos o un sistema global perverso. Pero, como es f√°cil de imaginar, ni de una visi√≥n ni de la otra salen prescripciones √ļtiles.

 

Al contrario, en otros pa√≠ses europeos la discusi√≥n transcurre m√°s en el √°mbito propio de actuaci√≥n de la pol√≠tica, sin caer en los casos individuales y, a la vez, sin elevarse a las nubes abstractas del sistema. Obviamente, tambi√©n se ha hablado de personas particulares y se ha especulado sobre la globalizaci√≥n econ√≥mica, pero periodistas y analistas han puesto el foco sobre las reglas impersonales que han permitido la fuga de capitales a para√≠sos fiscales. La asunci√≥n de fondo es que el problema no es individual ni sist√©mico, sino institucional. ¬ŅQu√© normas y protocolos de actuaci√≥n de las instituciones p√ļblicas, pero tambi√©n de las privadas como los bancos, han propiciado la evasi√≥n de impuestos? Y, en consecuencia ¬Ņqu√© cambios normativos habr√≠a que introducir para revertir esta situaci√≥n? En estos pa√≠ses se habla m√°s de, y con, representantes de bancos y de reguladores p√ļblicos que de evasores concretos. M√°s de las instituciones que han fomentado el pecado que de los pecadores.

 

Algo similar ocurre con muchos otros debates políticos, como, por ejemplo, la lucha contra la corrupción. Nos obsesionamos con los casos particulares (de personas o partidos) o nos dejamos arrastrar en meditaciones vagas sobre el sistema. Olvidando que la política es la gestión de las reglas comunes y no de los nombres propios.