Las encuestas electorales

Mi√©rcoles, 03 Febrero 2016 14:48 Escrito por  Publicado en IDEOLOG√ćAS

I.  Concepto

 

La encuesta es una t√©cnica de investigaci√≥n social que permite conocer las opiniones y actitudes de una colectividad por medio de un cuestionario que se aplica a un reducido grupo de sus integrantes al que se denomina ¬ęmuestra¬Ľ. Esta t√©cnica se usa con frecuencia en las¬†campa√Īas electorales¬†con una serie de fines que desarrollamos m√°s adelante.

 

Quienes no han estudiado estas disciplinas cuestionan la validez de esos datos argumentando que lo que dicen unos pocos cientos de personas no permite saber lo que opinan cientos de miles de ellas y elucubran acerca del tama√Īo de la muestra, su confiabilidad y otra serie de temas. Normalmente imaginan que los procedimientos que deben conducir a la elaboraci√≥n de una muestra son casi m√°gicos.

 

La verdad es que tendríamos una muestra perfecta si lográramos hacer un sorteo en el que todos los electores de un país tuviesen exactamente la misma posibilidad de ser entrevistados. La mejor muestra sería fruto del azar más completo.

 

En la práctica, esa igualdad de posibilidades no se da. Es más fácil encuestar a los habitantes de las ciudades que a los campesinos, a los de los barrios de clase media que a los de clase alta, etc. En la medida en que el azar total no funciona, los encuestadores toman una serie de medidas técnicas y hacen cuotas para que no sean entrevistados solamente los que tienen más posibilidad de serlo.

 

Las¬†encuestas electorales¬†est√°n en el ojo de la pol√©mica electoral contempor√°nea. Desde tiempos inmemoriales los seres humanos tenemos temores y actitudes m√°gicas frente a los instrumentos que parecen predecir el futuro. Esta tensi√≥n instintiva sumada a las pasiones de la lucha por el¬†poder¬†forman¬†una mezcla explosiva que detona en cada¬†campa√Īa electoral.

 

Las encuestas son conocidas por el esc√°ndalo que produce en las campa√Īas la publicaci√≥n de la simulaci√≥n electoral, que es una pregunta del formulario que averigua c√≥mo votar√≠an los ciudadanos si las¬†elecciones¬†fueran el d√≠a en que se realiza la encuesta. Los candidatos se obsesionan por esa pregunta. Los porcentajes producen pol√©micas estridentes. Unos dicen que seg√ļn ¬ęsus¬Ľ encuestas ganan, otros que las encuestas publicadas son falsas, otros que no creen en las encuestas. En varios pa√≠ses de Am√©rica Latina se han hecho cu√Īas de televisi√≥n hablando de ¬ęverdaderas encuestas¬Ľ y otros disparates.

 

Los temores m√°gicos han puesto el foco de la pol√©mica en lo intrascendente y no en lo de fondo. Las encuestas son muy √ļtiles para ganar una¬†elecci√≥n¬†si se las usa como lo que son: una t√©cnica de investigaci√≥n. Su fuerza est√° en la cantidad y calidad de la informaci√≥n que proporcionan a quienes elaboran las estrategias electorales.

 

En una √©poca en que la¬†democracia¬†se ha ampliado y los pa√≠ses no solo se manejan de acuerdo a lo que dicen las √©lites econ√≥micas o intelectuales, una¬†campa√Īa electoral¬†necesita conocer lo que opinan los ciudadanos comunes acerca de los m√°s diversos temas. La √ļnica forma de hacerlo es a trav√©s de la investigaci√≥n cient√≠fica y la herramienta privilegiada de ese tipo de investigaci√≥n es la encuesta electoral.

 

II. Antecedentes históricos

 

Originalmente las encuestas se aplicaron a la política por iniciativa de medios de comunicación colectiva que pretendían predecir resultados electorales.

 

La primera encuesta de que hay noticia la aplicó el periódico Harrisburg Pennsylvanian en 1824 averiguando las preferencias de los ciudadanos de Wimiltown en Estados Unidos. En 1880 fue un grupo de periódicos integrado por el Boston Globe, el New York Herald Tribune, el St. Louis Republic y Los Angeles Times el que realizó una nueva encuesta, consiguiendo un aceptable éxito; sus porcentajes se ajustaron bastante a los obtenidos por los candidatos el día de la elección.

 

En 1936, la revista Literary Digest intent√≥ hacer su propia encuesta enviando a diez millones de norteamericanos formularios para que los llenasen por s√≠ mismos. El resultado fue catastr√≥fico. Esta experiencia demostr√≥ que no es el tama√Īo de la muestra sino el nivel t√©cnico de quienes la elaboran lo que determina la proximidad de los resultados de la encuesta con los de la¬†elecci√≥n.

 

En la d√©cada del treinta la se√Īora Alex Miller que pretend√≠a ser Secretaria de Estado en Iowa, cont√≥ con el apoyo t√©cnico de las encuestas de su yerno George Gallup para su¬†campa√Īa electoral. Gallup hizo posteriormente su tesis doctoral sobre t√©cnicas de muestreo y fund√≥ una de las empresas de encuestas m√°s famosas del mundo. En esos mismos a√Īos surgieron otros grandes encuestadores como Elmo Ropper, que dieron mayor prestigio cient√≠fico a las encuestas de¬†opini√≥n p√ļblica.

 

Desde entonces en los Estados Unidos las encuestas han servido como instrumento de tecnificaci√≥n de las¬†campa√Īas electorales¬†y como ingrediente de un periodismo moderno, m√°s preocupado por la¬†opini√≥n p√ļblica.

 

En los Estados Unidos se celebran centenares de¬†elecciones¬†y consultas populares todos los a√Īos desde hace muchos a√Īos. Esta amplitud y permanencia de la¬†democracia¬†ha permitido que en ese pa√≠s las t√©cnicas electorales se hayan sofisticado como en ning√ļn otro lugar del mundo. A partir de la campa√Īa del Presidente Kennedy, la mayor√≠a de los pol√≠ticos norteamericanos comprendieron la utilidad de este tipo de estudios, y actualmente no existe ning√ļn candidato medianamente serio que al iniciar su campa√Īa no proceda a conformar un equipo de consultores profesionales que le asesoren entre los cuales, inevitablemente, est√° al menos un experto en encuestas.

 

A partir de la formaci√≥n de la American Asociation of Political Consultants en los a√Īos sesenta, la consultor√≠a pol√≠tica se ha profesionalizado. En la¬†pol√≠tica¬†norteamericana actual nadie duda de la importancia de estos profesionales en¬†campa√Īas electorales¬†y existen varios centenares de empresas dedicadas exclusivamente a la pol√≠tica pr√°ctica.

 

En el intento de avizorar el futuro, la suerte de las encuestas ha sido variable. Por lo general, los sondeos han previsto los¬†resultados electorales¬†aunque a veces han fallado estrepitosamente, como en 1948 cuando todas las empresas predijeron la derrota del Presidente Truman, o como en las¬†elecciones¬†nicarag√ľenses de 1990, en que la mayor parte de las empresas encuestadoras predijeron el triunfo Sandinista sobre Violeta Chamorro.

 

En la mayor parte de los pa√≠ses de Am√©rica Latina las primeras encuestas se aplicaron patrocinadas por medios de comunicaci√≥n colectiva. En estos d√≠as son muchos los peri√≥dicos y canales de televisi√≥n que publican encuestas cuando llegan las¬†elecciones. Algunos medios de comunicaci√≥n modernos usan regularmente estudios de¬†opini√≥n p√ļblica¬†para otros temas que no son estrictamente electorales, pero que son cada vez m√°s importantes para comprender la¬†pol√≠tica¬†contempor√°nea.

 

Actualmente en Am√©rica Latina son pocos los pol√≠ticos que manejan bien las encuestas y la consultor√≠a pol√≠tica para orientar sus¬†campa√Īas electorales, aunque en los √ļltimos a√Īos, en la mayor√≠a de las campa√Īas han participado consultores que basan sus estrategias en los resultados de investigaciones t√©cnicas.

 

III.    Lo que no son las encuestas

 

En torno a las encuestas electorales circulan algunas ideas equivocadas a las que nos referiremos brevemente.

 

Ante todo, las encuestas no expresan las preferencias de quienes las hacen. Puedo ilustrar con mi experiencia personal: a trav√©s de los a√Īos he hablado con pol√≠ticos que me agradecen porque los resultados de una encuesta que publiqu√© les son favorables o que se enojan porque les son adversos. Ambas actitudes son err√≥neas. Soy un profesional en la materia y mis estudios reflejan simplemente lo que encuentro a trav√©s de la investigaci√≥n m√°s all√° de mis simpat√≠as o antipat√≠as. La encuesta, si est√° bien hecha, no debe reflejar los sentimientos ni negativos ni positivos de los encuestadores.

 

Hay otro error muy com√ļn entre pol√≠ticos y periodistas: creen que la principal informaci√≥n que aporta la encuesta consiste en adivinar el porcentaje de¬†votos¬†que obtendr√° el candidato el d√≠a de la¬†elecci√≥n. Creen adem√°s que ese porcentaje corresponde al que obtiene en la simulaci√≥n. No saben que el resultado de esa pregunta es solamente un dato de los tantos que aporta la encuesta y que los n√ļmeros deben ser le√≠dos por especialistas que saben interpretarlos.

 

Muchos creen que simplemente es cuestión de leer los porcentajes, pero quien se fía de la interpretación de una encuesta hecha por periodistas comete el mismo error que el que cuando se siente enfermo, entrega los resultados de sus exámenes de sangre y radiografías a la prensa para que le diagnostiquen. Se equivoca: esos exámenes debe interpretarlos un médico.

 

Tanto para el pol√≠tico, como para el lector o el televidente, es m√°s importante conocer las razones por las que los ciudadanos est√°n votando de determinada manera, la direcci√≥n en que se mueven, los efectos de los hechos pol√≠ticos, los aciertos y equivocaciones de cada uno de los actores en la¬†campa√Īa electoral, que saber lo que ocurrir√≠a si las¬†elecciones¬†fueran el d√≠a en que se aplica una pregunta.

 

La encuesta electoral, por lo dem√°s, es una especia de foto. S√≥lo tiene sentido si se puede imaginar cu√°l es la pel√≠cula de la que forma parte. Si un candidato tiene el 15% de las preferencias electorales, la cifra puede ser buena o mala. Una cosa es tener ese 15% despu√©s de haber obtenido en la anterior encuesta un 30% y otra si antes ten√≠a un 5%. En el un caso 15% es muy malo y en el otro muy bueno. Un solo n√ļmero no da informaci√≥n suficiente para evaluar la situaci√≥n de un candidato porque no permite apreciar los movimientos.

 

El p√ļblico en general y los medios de comunicaci√≥n en particular, creen que lo importante es que la encuesta adivine el futuro. Algunos medios de comunicaci√≥n proponen la realizaci√≥n de verdaderos concursos: veamos cu√°l encuestadora se acerca m√°s a los resultados finales con la mayor anticipaci√≥n posible. Este es otro error. Hay varios problemas para que las encuestas cumplan con ese cometido.

 

En los procesos electorales latinoamericanos muchos ciudadanos se mantienen indecisos hasta el final. En la mayoría de nuestros países la lealtad partidista es baja y los votantes muy volubles. Nuestras sociedades son enormemente heterogéneas y en todas nuestras ciudades hay zonas difíciles de encuestar por su peligrosidad. Pretender que una encuesta adivine los porcentajes de una elección es absurdo.

 

En los países en los que el voto es obligatorio las encuestas tienen menos precisión. Muchos votantes (aproximadamente un diez o quince por ciento), deciden finalmente su voto el día de la elección. Generalmente están allí por cumplir un requisito y evitar una multa y les da lo mismo votar en cualquier dirección. Con su voto pueden inclinar la presidencia del país a favor de un candidato, aunque no tienen interés ni siquiera en opinar sobre el tema.

 

Que lo haga con semanas de anticipaci√≥n es tambi√©n poco l√≥gico. Los resultados de una encuesta son m√°s aproximados mientras menor es la distancia entre la fecha de la encuesta y la de la¬†elecci√≥n. Cada nuevo d√≠a es un espacio para lo imprevisto. Algunos candidatos guardan sus peores ataques para el √ļltimo momento y a veces logran alterar a los votantes. A las √ļnicas encuestas a las que se les puede pedir una mayor precisi√≥n es a las ¬ęexit poll¬Ľ, encuestas hechas en la puerta de los recintos electorales.

 

Hay finalmente un¬†voto¬†escondido que no aparece en las encuestas y que respalda a candidatos enfrentados totalmente a un sistema. Es el caso de ‚ÄúOut Siders‚ÄĚ como Fujimori en Per√ļ o Bucaram en Ecuador o candidatos como Violeta Chamorro en Nicaragua enfrentada a un gobierno totalitario. Los encuestados en esas circunstancias mienten y los n√ļmeros de las encuestas fallan.

 

Las encuestas ayudan a comprender la realidad, a establecer tendencias, a analizar lo que ocurre dentro de un proceso electoral, a ganar elecciones elaborando estrategias, pero no para adivinar el futuro.

 

IV.¬†¬†¬†¬†¬†¬ŅPara qu√© sirven las encuestas?

 

La distancia que existe entre el mundo de los políticos, periodistas, intelectuales y personas interesadas en los juegos del poder y los ciudadanos comunes, es enorme. El mundo del poder juega y se reproduce a sí mismo sin tomar en cuenta que muchos de sus temas obsesivos son irrelevantes para los electores comunes.

 

Los debates en los que los políticos se juegan por entero, son poco o nada conocidos por las grandes mayorías y carecen de interés para ellas. En nuestros países las intensas polémicas personales, en la mayoría de los casos, solo interesan a sus protagonistas y desprestigian al sistema democrático sin fortalecer a sus protagonistas ante la mayoría de los votantes.

 

Si un pol√≠tico quiere salir del peque√Īo mundo creado por su entorno y comunicarse con los¬†electores, lo √ļnico que puede hacer es contratar estudios peri√≥dicos realizados por profesionales que le ayuden a comprender lo que piensa y quiere la gente5.

 

La experiencia de la mayor√≠a de los consultores pol√≠ticos profesionales coincide en un punto: buena parte del dinero que se gasta en una¬†campa√Īa electoral¬†o en una campa√Īa gubernamental de imagen se desperdicia si la acci√≥n no est√° orientada por una buena investigaci√≥n.

 

Muchos discursos, cu√Īas y comerciales de una campa√Īa que no se asientan en una buena investigaci√≥n, se dirigen m√°s a satisfacer los nervios del candidato y a fastidiar al adversario que a ganar¬†votos.

 

Las campa√Īas primitivas empiezan con una serie de lugares comunes que inician el despilfarro de recursos. Parecer√≠a que todo es perfectamente conocido y que todos los amigos y parientes del candidato son consultores profesionales. La esposa es experta en finanzas, el hermano en cu√Īas electorales y el enamorado de la hija en estrategias electorales.

 

Ante todo, se arma un equipo de colaboradores cercanos al candidato y se act√ļa a la luz de una serie de prejuicios que nadie cuestiona. ¬ęHay que hacer¬Ľ cu√Īas de TV, ¬ęhay que¬Ľ pedirle a alg√ļn artista que haga una canci√≥n, ¬ęhay que¬Ľ pintar paredes, imprimir calendarios, botones, da√Īar la propaganda del opositor y elegir un lema de campa√Īa. Una campa√Īa as√≠ conduce al dispendio y cuando se enfrenta a un candidato serio, a la derrota.

 

Para obrar racionalmente antes de tomar cualquier decisi√≥n hay que averiguar qu√© es lo m√°s conveniente, tanto en t√©rminos de instrumentos como de contenidos. Para cada candidato, para cada partido, en cada oportunidad pueden o no servir las cu√Īas, la TV, los jingles y sus contenidos deben tener sentido dentro de una estrategia.

 

Seg√ļn quienes sean los¬†electores¬†que constituyen el grupo objeto del candidato en esa campa√Īa, se deben utilizar determinados instrumentos y proponer determinados contenidos. Si sus posibilidades de atraer j√≥venes son altas y dentro de su dise√Īo estrat√©gico ese grupo de la poblaci√≥n es importante, es probable que le sea √ļtil una cu√Īa con ritmo de rap. Si sus¬†votos¬†posibles est√°n entre intelectuales es una buena idea lanzar un libro. Claro que esto depende de su imagen. Hay candidatos a los que esto les puede venir bien y otros que ser√≠an percibidos como rid√≠culos si lo hacen.

 

Nada es universal. Ni siquiera la investigaci√≥n que se ha hecho sobre el mismo candidato en una campa√Īa anterior sirve demasiado. Cada candidato, en cada momento de su vida llega con mayor facilidad a determinado tipo de¬†electores. Si conoce c√≥mo le perciben, c√≥mo comunicarse con ellos, c√≥mo hacer que su mensaje sea comprendido, habr√° dado un paso importante para ganar la¬†elecci√≥n.

 

La √ļnica forma de saber qu√© hacer es la investigaci√≥n cient√≠fica y una de las t√©cnicas m√°s usadas para eso es la encuesta electoral.

 

Otro tanto ocurre con el gobernante democrático. El poder, en todos los sitios y en todos los tiempos tiene un mismo problema: las cortes de aduladores que rodean a los caciques de Tribu, a los Reyes, a los Presidentes. Un mandatario que orienta sus acciones llevado por lo que dice su corte, tiene graves problemas con su imagen y con su gobierno.

 

Si quiere tomar sus decisiones sabiendo lo que el pueblo dice de él y de sus políticas, si quiere saber cuál será la reacción de la gente frente a las medidas que piensa tomar, sólo puede hacer una cosa: contratar investigaciones y encuestas serias. En los tiempos modernos, la encuesta hecha por profesionales independientes, que no pretenden recibir favores ni nombramientos del mandatario son la mejor herramienta para conocer y manejar la imagen un gobierno.

 

Resumamos pues los usos pr√°cticos de las investigaciones y de las encuestas en la consultor√≠a pol√≠tica, desde que se inicia la¬†campa√Īa electoral¬†hasta que un partido es gobierno:

 

‚Äʬ†¬†¬†¬†¬†Sirven para escoger los mejores candidatos que puede presentar un partido, para una posici√≥n determinada.

 

‚Äʬ†¬†¬†¬†¬†Sirven para elaborar la estrategia de la¬†campa√Īa electoral. La lucha electoral es una enorme guerra democr√°tica. Las encuestas permiten conocer el terreno en que se dar√° el enfrentamiento, sus caracter√≠sticas, la forma en que los ciudadanos perciben el pa√≠s, los temas que privilegian, c√≥mo ven al gobierno actuante, c√≥mo al propio candidato, a sus adversarios, cu√°les son sus principales problemas de imagen y otra serie de elementos que constituyen la informaci√≥n b√°sica sobre la que se pueden pensar estrategias y t√°cticas que permitan el √©xito.

 

‚Äʬ†¬†¬†¬†¬†Sirven para seguir la evoluci√≥n de la campa√Īa: tiendo a subir o a perder posibilidades de triunfo?¬†en qu√© grupos estoy mejor o peor? cu√°les son mis adversarios? c√≥mo impactan mis mensajes? qu√© efecto tienen los ataques que recibo? debo o no contestarlos? qu√© tan acertada parecen mi estrategia y las t√°cticas a trav√©s de las cuales la ejecuto? Durante toda la campa√Īa produzco hechos, mis adversarios hacen cosas, se provocan acontecimientos que no dependen de mi voluntad ni de la suya, pero que impactan en los¬†electores. Los efectos de esos eventos se miden a trav√©s de encuestas para aprovecharlos en beneficio de la campa√Īa y hacer los correctivos que sean necesarios.

 

En definitiva, las encuestas y las investigaciones ayudan al candidato a tener una visi√≥n objetiva del¬†proceso electoral¬†y a cumplir con los objetivos que se propuso cuando inici√≥ la campa√Īa: ganar la¬†elecci√≥n, fortalecer su partido, impedir que otro candidato gane o cualquier otro objetivo que se haya planteado.

 

Desde luego que los resultados de las investigaciones no son para que el candidato o el mandatario hagan lo que dice la gente. Hay una dialéctica entre los líderes y las encuestas. El estadista, sabiendo lo que dice la gente, orienta la acción política de acuerdo a sus convicciones y en muchas ocasiones logra cambiar la mentalidad de los ciudadanos para que le respalden en sus propuestas.

 

Recordemos siempre que las¬†campa√Īas electorales¬†y el manejo de la imagen de los gobiernos, son en gran parte problemas de comunicaci√≥n pol√≠tica y que las encuestas son una herramienta que permite manejar esa comunicaci√≥n: nos dicen c√≥mo puede dar usted su mensaje, siendo comprendido por los dem√°s y cu√°les son los efectos que ese mensaje produce en la mayor√≠a de los ciudadanos o en los grupos a los que pretende llegar.

 

V. La manipulación de los electores y la publicación de encuestas electorales

 

En nuestros pa√≠ses se da m√°s importancia a la ‚Äúviveza criolla‚ÄĚ que al uso cient√≠fico de la encuesta como instrumento cient√≠fico de an√°lisis.

 

Algunos pol√≠ticos creen que pueden conseguir¬†votos¬†enga√Īando a los¬†electores¬†acerca de sus propias posibilidades electorales y falsifican ¬ęencuestas¬Ľ para convencer a la gente de que van a ganar.

 

Quienes así proceden, usan un fusil de alta precisión para cazar conejos dando golpes con la culata. La encuesta sirve para todo lo que enumeramos anteriormente y es un arma extraordinariamente poderosa para ganar una elección. Si se la utiliza para mentir sobre porcentajes, su eficiencia es baja.

 

Las ideas que est√°n en la mente de quienes falsifican resultados de encuestas para favorecer a un candidato son las siguientes:

 

‚Äʬ†¬†¬†¬†¬†Los¬†electores, sobre todo si son poco informados, pobres y marginales, son f√°ciles de manipular.

 

‚Äʬ†¬†¬†¬†¬†Todos los¬†electores¬†est√°n pendientes del resultado de la¬†elecci√≥n.

 

‚Äʬ†¬†¬†¬†¬†Los indecisos tienden a votar por ganadores.

 

‚Äʬ†¬†¬†¬†¬†Si exagero mis posibilidades de triunfo, los que quieren votar ‚Äúganador‚ÄĚ votar√°n por m√≠.

 

Detr√°s de todo esto hay una hip√≥tesis: los ciudadanos comunes son como los activistas de la campa√Īa y se desvelan por el resultado de la¬†elecci√≥n. Esto es falso. La mayor√≠a de¬†electores¬†y especialmente los indecisos tienen otras preocupaciones. Si no fuera as√≠ se dedicar√≠an a la¬†pol√≠tica.

 

La difusi√≥n de resultados de simulaciones electorales tiene impacto en el equipo de campa√Īa, en los financistas que pueden apostar m√°s o menos a un candidato si parece ganador, en periodistas que lo apoyan de alguna manera. Pero incluso este impacto es relativo: este tipo de personajes no se deja enga√Īar con un dato y tienen acceso a informaci√≥n que les permite ubicar los¬†fraudes.

 

Las investigaciones sobre el tema comprueban que los¬†electores¬†indecisos son los menos interesados en la¬†pol√≠tica, los que menos leen o ven los resultados de las simulaciones y por tanto los que menos se afectan por esas publicaciones. Deformar los n√ļmeros de las encuestas no da¬†votos.

 

La tesis del poco impacto electoral de la publicación de encuestas está respaldada por la opinión de consultores políticos profesionales del primer nivel. El propio Joseph Napolitan, con su enorme y variada experiencia afirma tajantemente que la publicación de encuestas electorales no ejerce influencia sobre la intención de voto de los electores porque produce un conjunto de reacciones contradictorias que suman cero.6 

 

En Am√©rica Latina existe adem√°s un efecto inverso que generalmente no se toma en cuenta. El seguro triunfo del Sandinismo en Nicaragua, el de Jaime Nebot en Ecuador y el de Mario Vargas Llosa en Per√ļ, anunciados reiteradamente por encuestas aplicadas mucho tiempo antes de la¬†elecci√≥n, son algunos casos en los que el optimismo de las previsiones termin√≥ en un fracaso.

 

Generalmente quienes son vistos como seguros ganadores terminan con resultados más pobres que los previstos por las encuestas aunque ganen la elección. Los que parecen débiles en las simulaciones suelen conseguir una mejoría en sus pobres resultados. Aquello de preferir al candidato con posibilidades de triunfo funciona más ante un encuestador que en la soledad de la urna.

 

Esto es dif√≠cil de aceptar para quienes est√°n en una¬†campa√Īa electoral: no entienden que sus angustias no sean compartidas por la mayor√≠a de la poblaci√≥n.

 

Sue√Īan con un pa√≠s en el que todos los¬†electores¬†sean pol√≠ticos y no se adaptan a una sociedad en la que los pol√≠ticos deben ser portavoces de mucha gente con inquietudes de otro orden. Si los pol√≠ticos quieren mantener su vigencia deben saber que la¬†pol√≠tica¬†democr√°tica es did√°ctica. Se necesita aprender de la gente a trav√©s de las encuestas de opini√≥n y no pensar solamente en conducirla. La¬†pol√≠tica¬†antigua se hac√≠a con l√≠deres mesi√°nicos y masas sumisas. Ahora hay que escuchar y conducir, tener la modestia de aprender y la capacidad de se√Īalar caminos.

 

Hay adem√°s algunos factores que perjudican a los ¬ęseguros ganadores¬Ľ de las encuestas:

 

En pa√≠ses como Norteam√©rica, se rinde culto al triunfador y los¬†electores¬†tienden a seguirlo. En los pa√≠ses latinos hay simpat√≠a por las v√≠ctimas, por los derrotados, por los d√©biles. Cuando en Estados Unidos se designa a un empresario o a un actor exitoso para un alto cargo en la administraci√≥n p√ļblica la gente lo aplaude. En muchos pa√≠ses de Latinoam√©rica casi parecer√≠a que cometen un delito. La suspicacia frente al √©xito y la conmiseraci√≥n por los ca√≠dos pueden actuar en contra de quienes aparecen como ganadores en las encuestas.

 

Cuando los seguidores de un candidato se convencen que ha ganado la¬†elecci√≥n¬†aflojan su ritmo de campa√Īa y se dedican a disputar los pedazos de un¬†poder¬†que consideran seguro. Muchos mandos medios de la campa√Īa se dedican m√°s a buscar puestos en el futuro gobierno que a ganar la¬†elecci√≥n. En los ‚Äúderrotados‚ÄĚ por las encuestas publicadas se produce a veces el efecto inverso: se sienten motivados por esto y redoblan sus esfuerzos hasta ganar la¬†elecci√≥n.

 

Desde el punto de vista del comportamiento de los¬†electores¬†una sobre venta del triunfo con encuestas ¬ęoptimistas¬Ľ puede ser negativa. Si el¬†elector¬†cree que su candidato ¬ęya gan√≥¬Ľ no har√° esfuerzos para concurrir a las urnas. Si cree que su¬†voto¬†puede ser decisivo ir√° a votar aunque llueva o amanezca sin ganas de hacerlo.

 

Finalmente no es verdad que la gente sea tan f√°cil de enga√Īar. Todas las investigaciones coinciden en que los¬†electores¬†perciben la realidad pol√≠tica de forma intuitiva pero con m√°s sentido com√ļn que muchos pol√≠ticos e intelectuales. Cuando en las encuestas se pregunta a la gente qui√©n va a ganar las¬†elecciones¬†se comprueba que normalmente la mayor√≠a percibe lo que est√° ocurriendo. Se constata al mismo tiempo, que muchos de los que votan por un candidato creen que perder√° la¬†elecci√≥n. Quienes hacen la campa√Īa tienen intereses m√°s concretos por los que quieren triunfar. Los votantes comunes tienen motivaciones como la protesta, el temor, la simpat√≠a o el sentido del humor que no se vinculan con la posibilidad de triunfo del candidato.

 

A esta altura de las investigaciones sobre el tema, está claro que las encuestas son armas formidables para armar estrategias electorales o de gobierno. Como truco para conseguir votos publicando simulaciones que exageren las posibilidades de éxito de un candidato no son eficientes y pueden ser nocivas.

 

VI.     Las encuestas y los medios de comunicación

 

Si un medio de comunicación quiere publicar encuestas electorales confiables, debe contratarlas por sí mismo. Con frecuencia concurren a los canales de televisión o periódicos personas que quieren regalar encuestas a cambio de que se publiquen los resultados. Esta es una operación peligrosa. Para hacer una encuesta se gasta mucho en transporte, alojamiento, encuestadores, computadoras, personal, etc. Si alguien regala todo ese dinero, hay que preguntarse por qué lo hace. No hay que olvidar un axioma: en política lo gratuito es siempre muy caro.

 

En muchos casos la encuesta puede estar pagada por alg√ļn pol√≠tico que quiere usarla con fines publicitarios, por una encuestadora poco conocida que quiere hacer un gasto millonario en publicidad (si es tan peque√Īa ¬Ņpodr√° gastar tanto?) o es simplemente un¬†fraude¬†y la ¬ęencuesta¬Ľ ha sido forjada en un procesador de palabras. La primera pregunta que debe hacerse un medio cuando va a publicar una encuesta que no ha pagado, es ¬Ņde d√≥nde sali√≥ la plata para cubrir tantos gastos?

 

En las semanas anteriores a una¬†elecci√≥n¬†proliferan membretes de ¬ęinstituciones¬Ľ que hacen encuestas. Si un medio quiere proceder con seriedad, debe averiguar datos concretos acerca de la instituci√≥n y de las personas que han hecho la encuesta. Hay que tener cuidado con los membretes extranjeros. Un medio de comunicaci√≥n serio debe verificar si la ‚Äúfamosa‚ÄĚ encuestadora que le presenta un partido es una instituci√≥n honesta y con experiencia en¬†pol√≠tica. Si dice que ha asesorado a un pol√≠tico famoso o a un Alcalde o Presidente de otro pa√≠s es bueno comprobarlo. En la √©poca del tel√©fono y del Internet es f√°cil hacerlo. Esto vale tambi√©n para las empresas con nombres en ingl√©s. El idioma del membrete no es garant√≠a de seriedad.

 

En los √ļltimos a√Īos las¬†encuestas electorales¬†no se reducen a estudiar temas estrictamente pol√≠ticos. En tiempos en que naufragaron tantas utop√≠as la voluntad del¬†elector¬†poco se define por temas ideol√≥gicos. La¬†pol√≠tica¬†ha sido inundada por una cotidianidad en la que pierden espacio las posturas mesi√°nicas y las fantas√≠as que motivaban a los pol√≠ticos antiguos. Los profetas del para√≠so proletario se extinguen so√Īando en dictaduras vitalicias mientras los ciudadanos comunes buscan un poco m√°s de bienestar para los pr√≥ximos d√≠as. Los cristeros mexicanos luchaban para que Dios gobernase su pa√≠s. Los mexicanos actuales buscan simplemente empleo y una vida mejor.

 

Lo que est√° en discusi√≥n, para la mayor√≠a de los¬†electores, no es el apocalipsis del milenio o la confrontaci√≥n universal contra el imperialismo sino la soluci√≥n de temas m√°s concretos. El candidato debe interpretar con su mensaje los sue√Īos y las angustias que embargan al¬†elector¬†com√ļn mientras se rasura en la ma√Īana frente al espejo.

 

El estudio de la vida cotidiana, la relación de lo político con una serie de variables vitales es un espacio de comprensión de la política en la que pueden trabajar los medios de comunicación ayudados por las encuestas.

 

VII. La prohibición de la publicación de las encuestas electorales

 

La mitología creada en torno a la supuesta influencia de las encuestas en la voluntad de los votantes ha llevado a que algunos países prohíban la publicación de encuestas en los días anteriores al de la elección.

 

Respecto de este tema, hay posiciones contrapuestas. Maurice Duverger defiende que se deber√≠a obligar a publicar toda encuesta que se realiza. Seg√ļn su punto de vista, los encuestadores extraen del p√ļblico datos que por motivos √©ticos deben ser devueltos a la¬†ciudadan√≠a¬†en forma de publicaci√≥n. Dice tambi√©n que el tipo de informaci√≥n que se obtiene a trav√©s de las encuestas constituye un arma demasiado poderosa si se mantiene en secreto y que los¬†electores¬†tienen el derecho de saber el resultado de estas investigaciones, para conocer de qu√© manera se pretende influir en sus voluntades.

 

En el otro extremo, dirigentes pol√≠ticos de algunos pa√≠ses han pedido que se proh√≠ba la realizaci√≥n de encuestas pol√≠ticas. Suponen que si no existe un an√°lisis t√©cnico de la realidad, sus tesis metaf√≠sicas tendr√°n m√°s espacio. Creen que los ciudadanos comunes son en realidad pol√≠ticos an√≥nimos confundidos por las encuestas y la sociedad de consumo que los distraen de su preocupaci√≥n ‚Äúreal‚ÄĚ: la¬†pol√≠tica. Para ellos es cuesti√≥n de exorcizar a estos demonios y los¬†electores¬†se convertir√°n en soci√≥logos que estudian programas de gobierno para decidir por qui√©n¬†votan.

 

En todo caso, siguiendo una iniciativa que se tomó por primera vez en Francia, varios países de América Latina han prohibido la publicación de encuestas electorales por un período de tiempo anterior a la elección.

 

Esa prohibici√≥n tiene varios supuestos: se cree que las encuestas empujan a muchos votantes a votar en favor de los candidatos ¬ęganadores¬Ľ perjudicando a peque√Īos candidatos que mejorar√≠an un poco su posici√≥n si la gente no supiera que est√°n tan mal. Hay la idea de que para que el votante sea libre no debe recibir informaci√≥n que sea fruto de una investigaci√≥n sino que debe tomar su decisi√≥n en la ascepcia de √©l mismo ante su conciencia.

 

En realidad esas prohibiciones expresan más bien el temor de las élites y de los políticos antiguos frente a un mundo que se transforma.

 

En el per√≠odo en que no se publican las encuestas casi todos los candidatos proclaman que han ganado la¬†elecci√≥n. No se consigue que la gente deje de recibir el mensaje de que ‚ÄúFulano o Mengano‚ÄĚ est√° ganando las¬†elecciones. Lo que se logra es que esta informaci√≥n sea plenamente subjetiva y que las mayor√≠as no tengan acceso a datos con base objetiva. Los pol√≠ticos mentirosos hacen su ‚ÄúAgosto‚ÄĚ y los¬†electores¬†se quedan sin posibilidad de conocer informaci√≥n m√°s seria. Las √©lites siguen consultando encuestas que aunque no se publican est√°n a su alcance. La idea misma de que el¬†elector¬†decide su¬†voto¬†sin influencias es irreal. En el √ļltimo mes de campa√Īa la televisi√≥n, las paredes, las radios, los peri√≥dicos est√°n plagados de¬†propaganda electoral¬†que trata de influir en la voluntad de los¬†electores. No se ve el porqu√© sea nocivo que en medio de esa avalancha publicitaria exista algo de informaci√≥n basada en investigaciones.

 

La prohibici√≥n de publicar¬†encuestas electorales¬†trae consigo un mercado negro de encuestas falsas. Personas poco escrupulosas falsifican papeles membretados de encuestadoras serias y ponen en circulaci√≥n encuestas forjadas. Algunos pol√≠ticos mienten que tienen una ¬ęencuesta de la Embajada Norteamericana¬Ľ7¬†¬†o de los servicios de informaci√≥n de las fuerzas armadas que son meras invenciones.

 

La represi√≥n a la libertad de informaci√≥n produce basura. La gente sigue recibiendo propaganda, los audaces no dejan de enga√Īar y la falta de datos serios da m√°s espacio al¬†fraude.

 

Otro argumento para prohibir la publicaci√≥n de las encuestas es el de que esto polariza la¬†elecci√≥n¬†entre los grandes partidos porque mucha gente al saber que los peque√Īos no tienen posibilidades, los abandona. Este argumento es tambi√©n d√©bil.

 

Est√° comprobado que los¬†electores, se publiquen o no encuestas, tienen una percepci√≥n bastante aceptable de lo que est√° ocurriendo en el¬†proceso electoral. Es muy improbable que crean que un peque√Īo partido tiene repentinas posibilidades de triunfo porque dejan de publicarse encuestas durante dos o cuatro semanas. La encuesta cuantifica algo que est√° en la conciencia colectiva.

 

Por otra parte, desde un punto de vista √©tico el argumento es sospechoso. El¬†elector¬†tiene derecho a informarse y decidir c√≥mo vota. El que un pol√≠tico sin posibilidades le convenza con mentiras de que puede ganar y le haga desperdiciar su¬†voto¬†es una especie de estafa. S√≥lo el¬†elector¬†tiene derecho a resolver si quiere votar por un candidato sin posibilidades o si quiere impedir con su¬†voto¬†el triunfo de otro pol√≠tico votando por un ¬ęmal menor¬Ľ.

 

Desde el punto de vista práctico esta es una discusión parroquiana: las limitaciones a la información no se aplican en una sociedad globalizada. El crecimiento vertiginoso del Internet pone en manos de miles de usuarios datos y cifras que proceden de fuera de fronteras debilitadas por la técnica. Si se prohíbe publicar encuestas en un país los usuarios de la red los leerán en periódicos de otros países y no se podrá evitar su difusión.

 

Mas allá de este tema está el de las empresas encuestadoras. Son instituciones con innegable poder en nuestras sociedades y surge la tentación de normar su funcionamiento con leyes rígidas. En sociedades como las latinoamericanas esos controles suelen ser fuente de corrupción y de manipulación por parte de los partidos que controlan los entes electorales.

 

El mejor control que existe sobre estas empresas es el mercado. Una encuestadora que falsifica datos en una¬†elecci√≥n¬†cae en el descr√©dito. S√≥lo sobreviven a lo largo del tiempo instituciones que mantienen una √©tica r√≠gida y un nivel t√©cnico alto. En la medida en que transcurren los¬†procesos electorales¬†la imagen de las empresas encuestadoras se aclara y los pillastres son ubicados y colocados en su lugar por la¬†opini√≥n p√ļblica. Las encuestadoras pol√≠ticas mantienen un espacio gracias a la confianza de la gente en su seriedad. Cuando alguna hace una trampa esto trasciende r√°pidamente.

 

Es por eso que uno de los elementos √ļtiles para confiar o no en una encuestadora es su edad. Si est√° en el mercado mucho tiempo es por que no se ha prestado para estafas. Si George Gallup se hubiera dedicado a mentir con los datos de su suegra, no existir√≠a la encuestadora Gallup, sea cual sea la legislaci√≥n que norme la vida de las encuestadoras.

 

VIII. Las encuestas y la democracia directa

 

Existe actualmente una tendencia a fortalecer la democracia directa. Los ciudadanos de los países occidentales participan en referéndums, plebiscitos y otra serie de mecanismos que suponen su participación en la política cotidiana.

 

Hace d√©cadas el Presidente una vez elegido no tomaba en cuenta la opini√≥n de los¬†electores¬†simplemente porque no la pod√≠a conocer. El ¬ępueblo¬Ľ de ese entonces eran peque√Īos sectores movilizados. Las verdaderas masas eran meros espectadores de la historia. Fueron los tiempos de las asonadas golpistas, las juntas de notables y de una sociedad vertical controlada por las √©lites.

 

En la actualidad las gentes comunes se expresan. La democracia se ha ampliado, la mayoría de los ciudadanos están más informados y los políticos deben tomar en cuenta sus opiniones.

 

Las encuestas ocupan un nuevo papel: son portavoces de esas mayor√≠as que se expresan por su intermedio. Las encuestadoras tienen una nueva fuente de poder y las √©lites un nuevo motivo de fastidio con la t√©cnica: muchos de ellos son autoritarios y a√Īoran una sociedad en que los m√°s ¬ęilustrados¬Ľ mandaban a los ¬ęignorantes¬Ľ sin tomar en cuenta sus puntos de vista.

 

Ese poder de las encuestadoras es peligroso y debe controlarse con la competencia. Es bueno que un país exista diversas encuestadoras y deben abrirse las puertas a encuestadoras de todo el mundo para que los resultados de los estudios no sirvan para manipular la política. En las circunstancias actuales un monopolio de las encuestas sería tan peligroso como un monopolio de la prensa.

 

Esta nueva fuerza de las encuestas exige mayor profesionalismo en quienes las manejan. Hay que desconfiar de las interpretaciones hechas por quienes no est√°n preparados para eso. El dato de una pregunta sacado de contexto puede ser una media verdad y las medias verdades son las peores mentiras.

 

Los n√ļmeros de una encuesta en manos de quien no ha estudiado esta materia son peligrosos. En varios pa√≠ses hay personas que cogen unas pocas cifras y argumentan que el Congreso debe ser disuelto o que el Presidente debe ser sustituido porque tiene un porcentaje bajo de aceptaci√≥n en una encuesta. Quienes trabajan profesionalmente en la materia saben lo que ha pasado en los pa√≠ses a lo largo de los a√Īos, saben que las cifras se mueven y que deben interpretarse en un contexto. Las encuestas de opini√≥n son auxiliares de la¬†democracia¬†directa pero sus fluctuantes cifras no pueden reemplazar a los¬†procesos electorales.

Modificado por √ļltima vez en Mi√©rcoles, 03 Febrero 2016 15:03